Fructuoso de Castro
Crea condiciones para que pasen cosas. Ante la dificultad y zozobra que supone toda búsqueda, no es extraño que andemos a la caza de líderes que nos orienten y pongan fines a nuestra vida. Ese "ser sagrado" que se busca ya no es una simple ficción ni imaginación penosa de un hombre primitivo. Aunque no exista en la realidad, remiten a algo real. En momentos de crisis, tales seres nos ayudan a dar sentido.
Según los expertos, es la nuestra una época del management y nuestra sociedad una sociedad de organizaciones. De suerte que algunos llegan a afirmar que la salvación de los seres humanos ya no puede esperarse únicamente de la sociedad, como quería la tradición rousseauniana, ni tampoco del Estado, como pretendía el "socialismo real" de los países del Este, sino de la transformación de las organizaciones. No es extraño que en estas circunstancias se busque al líder porque ha venido a destacarse como el paladín de los más admirados valores, el ejemplo de las más envidiadas cualidades y los más codiciados resultados, sustituyendo al caballero andante de las gestas medievales, al burgués de la Revolución Industrial, al obrero revolucionario de la tradición socialista, a los héroes bélicos de nuestros relatos infantiles o al militante comprometido de la temprana juventud (recomiendo al respecto el análisis de Adela Cortina en Ética de la Empresa). De forma que en el clamor profundo de "se busca líder" anida el deseo de transformar las organizaciones en su conjunto por ver si se realiza el sueño de lograr una sociedad mejor y sacando, de paso, a la luz los valores cuyo olvido trajo la corrupción o, lo que es idéntico, la desmoralización, con la sospecha de que, cuando se pierde la moral, uno se desmoraliza.
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liderazgo responsable en la revista Executive Excellence.