Las mujeres con enfermedad mental sufren una triple discriminación por su condición de mujer, con discapacidad y porque ésta sea por padecer un trastorno mental.
El colectivo de personas con enfermedad mental es el que más discriminación laboral sufre si lo comparamos con el de la discapacidad física, sensorial o, incluso, el de la intelectual, que le supera en 7 puntos en tasa de actividad.
Esto conlleva que el acceso de las mujeres con enfermedad mental a un empleo digno sea prácticamente imposible y que queden avocadas a depender completamente o de sus familiares o del Estado. Entonces... ¿por qué no hacer lo posible por fomentar su inclusión a través de los Centros de Rehabilitación Laboral (CRL)?
Estos centros, cuya finalidad es tanto la consecución de un empleo como el mantenimiento del puesto de trabajo, elaboran itinerarios individualizados de inserción laboral, que son pactados con el usuario y revisados anualmente y que se centran en mejorar las carencias de la persona y apoyarse en sus puntos fuertes.
Sin embargo, la realidad es que, en la actualidad, estas instituciones atienden a muchos más varones que mujeres. Una sencilla explicación nos viene de la mano del
artículo publicado por Carlos de Fuentes, Técnico de Apoyo a la Inserción Laboral del CRL de Alcorcón (Madrid), en la Plataforma de Orientación Sociolaboral
con perspectiva de género: "Las mujeres con enfermedad mental pueden permanecer en los hogares sin que sea incómodo socialmente para sus familias".
"La sociedad ya no admite unas instituciones psiquiátricas manicomiales en las que las personas permanezcan excluidas totalmente del resto de la población, pero parece que aún queda mucho por recorrer para que las personas con problemas psiquiátricos puedan integrarse plenamente en cualquier vecindario, barrio o ciudad".
Para poner fin a esta situación, el Comité Catalán de Representantes de Personas con Discapacidad (COCARMI) ha presentado recientemente un "
Decálogo a favor de la mujer con discapacidad y con enfermedad mental".