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Nº  1  /  OCT - DIC 2005

Revista Española del Tercer Sector

Juana Borrego Izquierdo . Presidenta Nacional , FEMUR

 

El movimiento asociativo de mujeres rurales que inició la Federación de la Mujer Rural en 1991 ha experimentado un gran auge, y ha permitido que muchas mujeres del campo salgan de su aislamiento para decidirse a labrar su propio futuro.

En realidad era el momento oportuno para movilizarse, nuestros pueblos envejecían y una serie de circunstancias agravaban este fenómeno: la entrada en la Comunidad Europea fue un duro golpe para el campo, los jóvenes emigraban a la ciudad en busca de oportunidades, las escuelas se vaciaban y algunas desaparecían, la despoblación se extendía, y se llegó a la reducción de cuarteles de la Guardia Civil y la sanidad seguía alejada de los pueblos. El campo se estaba quedando atrás mientras el interés se desplazaba hacía las grandes ciudades.

A través de la federación, esas pequeñas asociaciones luchaban para detener, aunque fuera en su pueblo, cuanto podía entonces adivinarse respecto al futuro del mundo rural, fomentando la confianza en sí mismas y adquiriendo mayor autonomía, manteniéndose unidas para defender los intereses y las prioridades que permitieran mejorar su situación social y económica.

El primer paso que se ha dado para transformar la realidad ha sido la información adecuada y la formación adaptada. La Federación de la Mujer Rural ha realizado un gran esfuerzo para que la sociedad pueda comprender la situación de estas mujeres, reconocer sus derechos y defenderlos.

Han pasado casi catorce años desde la fundación de la federación y muchos más desde la incorporación de España a lo que hoy llamamos la UE. Han llegado ayudas y fondos europeos a las zonas rurales, pero aún existen muchas carencias y serios problemas de despoblación producidas por el éxodo de los jóvenes en décadas anteriores.

Fijar la población en zonas rurales sería uno de los buenos resultados de los proyectos de iniciativas comunitarias Leader, y de esta federación. En muchas comarcas rurales la despoblación es un problema tan serio, que la apertura o cierre del colegio depende de la permanencia de una familia en el pueblo, o de nacimiento de un nuevo niño.

La dificultad de encontrar profesorado para realizar cursos de formación es otro de los problemas, además de acrecentar el presupuesto de desplazamiento y encontrar profesor con vehículo propio y alojamiento. La comunicación mediante transporte público es escasa y cuesta acercarse a los pueblos, pero sobre todo desplazarse de un pueblo a otro.

La carencia de formación e información, la ausencia de infraestructuras de carreteras, de centros de salud y sobre todo la falta de viviendas y empleo son las grandes preocupaciones que debemos resolver. Por eso es preciso la implicación de las instituciones públicas, organismos oficiales y entidades trabajando con las ONG que están dispuestas a mejorar la situación del medio rural. Sería lo más razonable, porque hay que eliminar los obstáculos que impiden o dificultan resolver estos problemas, y para ello hemos de luchar todos unidos.

La dificultad de luchar por la igualdad, la discriminación, la violencia y la pobreza que afectan a millones de personas en el mundo se agudiza aún más en el mundo rural, por el aislamiento y las carencias existentes.

La federación como ONG del Tercer Sector social esta contribuyendo junto a otros agentes sociales y públicos al desarrollo social, de forma activa, real y efectiva a la creación de una sociedad accesible, a la defensa y extensión de los derechos sociales, sobre todo de los grupos más vulnerables y excluidos, y esto se comprueba en una realidad viable y visible. Para ello se ha construido un centro de formación e inserción laboral de la mujer rural. Es un lugar en el que se imparte formación dirigida a la mujer rural, dando a conocer los nuevos avances tecnológicos y la aplicación de los mismos para que pueda incorporarse al mercado laboral, ceñida a los objetivos de obtener una capacitación y formación adecuada con actividades relacionadas con el desarrollo rural, perfeccionando técnicamente a profesionales, impartiendo una serie de cursos que se ajusten a las necesidades que en cada momento demanda la población y las empresas.

Sólo quien persevera consigue lo que pretende, y en este aspecto las mujeres rurales no se dan por vencidas ante las grandes adversidades, y por eso luchan cada día para sacar a su familia adelante, con perspectivas de progreso, justicia y dignidad; lo que repercute en la humanidad, pero también hacen un reclamo, pues si nuestros pueblos se apagan se apaga el corazón del planeta.