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Hablar del Tercer Sector requiere siempre de un difícil ejercicio de definición. La diversidad de tipologías de organizaciones, actividades y objetivos es muy amplia y, en ocasiones, dificulta la articulación de mensajes, políticas y actuaciones. Aunque también es cierto que esa diversidad representa al mismo tiempo uno de los activos del sector y una de sus fortalezas. Construir las señas de identidad que posibiliten, respetando la diversidad existente, actuar y ser percibidos como un colectivo con un discurso propio, con una base de principios y una estrategia compartidas constituye uno de los principales retos actuales del sector.
Para los que entendemos el sector como un canal de participación y expresión de la sociedad civil, de los ciudadanos, estas señas de identidad deben tener un referente y una base social que constituya la base de la legitimidad y el soporte para su actividad. Según el estudio de la AOMD sobre el perfil del donante, tres millones y medio de personas colaboran con organizaciones de carácter no gubernamental y no lucrativas, una muy importante base social que, sin embargo, es sensiblemente inferior a la de otros países de nuestro entorno (un 12% en el caso de España, frente a un rango de 40%-50% en países cercanos). La explicación de este dato puede encontrarse, además de en la mayor juventud del sector en nuestro país, en la inexistencia de un discurso y una identidad pública fuerte, coherente, que comunique a la sociedad el “hacer” de las organizaciones.
Articular una comunicación del sector que explique a la sociedad la realidad y el impacto de las actividades e intervenciones de nuestras organizaciones y su papel en el conjunto de la sociedad es, sin duda, la mejor aportación a la salud y crecimiento del sector. Esta estrategia de comunicación sectorial es muy necesaria como afirmación del sector frente a discursos externos que lo cuestionan por la vía de la ética o de la eficacia, muchas veces con intencionalidades no explícitas. Las organizaciones de la sociedad civil, sin ánimo de lucro y comprometidas por un mundo más justo, solidario y equitativo, deben utilizar la comunicación como instrumento de cambio social, como herramienta para facilitar la participación y el apoyo de los ciudadanos a las distintas causas por las que se trabajan y, también, como palanca para influir en la administración, los poderes públicos y
El modelo de financiación del tercer sector constituye, sin duda, una de sus señas de identidad, y a la vez una línea argumental que debería ser básica en nuestra comunicación. Debemos explicar con total transparencia las magnitudes, condiciones e implicaciones de los canales de financiación públicos y privados y hacerlo con el entusiasmo y la legitimidad que nos aportan millones de donantes privados; con el rigor, la exigencia, y también la legitimidad, que nos trasladan los organismos públicos que canalizan y están al servicio de la voluntad popular. Pero, al mismo tiempo, parece lógico exigir una mejora en el tratamiento fiscal, tanto de las donaciones como de otros impuestos, como el IVA, que favorezca el desarrollo del sector y que sea más acorde con las normativas de otros países europeos, buscando su armonización en el entorno de la UE.
Trabajar en estos retos internos (identidad, comunicación y financiación) sin duda nos capacitará para abordar los verdaderos desafíos del sector: la lucha contra la pobreza, la exclusión, la injusticia y las desigualdades.