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Estos dos documentos reflejan la reacción enérgica de los movimientos sociales contra
Los dos textos aquí reseñados tienen un marcado carácter crítico, siendo el de
El informe señala que no se han cumplido los mínimos exigibles ni siquiera en el objetivo fechado para 2005: reducción de las desigualdades de género en el acceso a la escuela primaria y secundaria. Más aún, que ni siquiera se han asentado unas bases sólidas para alcanzarlo. Respecto a la promesa de todos los gobiernos miembros de la ONU hecha en 1970, por la que se comprometían a gastar el 0,7% de su ingreso en la ayuda a los países pobres, se destaca que el compromiso no es más que del 0,35% de los ingresos para 2010. La mitad de lo que prometieron, según el texto, y cuarenta años después. Demasiado tarde, advierte.
Es disconforme también en lo que respecta a la cancelación total de la deuda de los países pobres, por entender que se ha reciclado una propuesta del G8 que aboga por una cancelación parcial sólo a dieciocho países. Sobre los mecanismos necesarios para alcanzar la justicia comercial, desde el texto se mantiene de nuevo una línea muy crítica, al entender que sólo se han plasmado vagas declaraciones de principios que ofrecen la liberalización comercial como única opción para el desarrollo económico de los países pobres.
Pese a tanta crítica, se advierte que los gobiernos han avanzado algo más en cuanto al reconocimiento de su responsabilidad respecto a proteger de forma colectiva a sus ciudadanos contra el genocidio y los crímenes contra la humanidad, de asegurar la igualdad de género y de lograr el acceso universal a la prevención, el tratamiento y la atención del VIH para 2010. Sin embargo, estos aspectos más positivos no disimulan el marcado carácter pesimista del documento basado fundamentalmente en estos dos conceptos: esperanzas aplastadas y oportunidades desperdiciadas.
El segundo texto reseñado es la comunicación oficial realizada desde la Campaña del Milenio, que pese a pertenecer a
El texto, en lo negativo, es coincidente con el anterior en cuanto a la reducción de la deuda de los países pobres, al comercio exterior, al hecho de que los países ricos no se hayan comprometido más seriamente en la asunción del desafío de cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio y en definitiva, en el reconocimiento de que
En lo positivo, por el contrario, vislumbra la luz al advertir que los gobernantes de cada país aún tienen la oportunidad de anunciar planes nacionales para alcanzar los Objetivos. Solamente si los gobernantes individuales van más allá del consenso internacional mínimo y adoptan decisiones políticas firmes, respaldadas por una instrumentación concreta, se podrán cumplir dichos objetivos, concluye.
La lectura de ambos informes permitirá al lector tener una visión completa del grado de cumplimiento que los países miembros de la ONU están adquiriendo con la Declaración del Milenio, así como de las necesidades más acuciantes, respecto al texto, que las organizaciones sociales están demandándoles a los gobernantes de forma más urgente.
Accesible en : Global Call to Action Against Poverty www.whiteband.org/index_html/switchLanguage?set_language=es
Campaña del Milenio: www.sinexcusas2015.org/un.htm