Solidarity and efficiency, together better

Estás en: Inicio > RETS > Online > 1

You are not logged in:LoginRegister

N. 1 [editar] / OCT - DIC 2005

Revista Española del Tercer Sector

Las ONG ante la brecha digital.[editar]

Ciudadanas de pleno derecho en la Sociedad de la Información

Carolina Guerrero .

Bibliografía

En julio del 2000 los jefes de Estado y Gobierno de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia, además de la Unión Europea se reunieron en la isla de Okinawua (Japón) para la celebrar una nueva reunión del G-8. Aquella cita se consideró un punto de partida importante respecto al interés que los más poderosos mostraban por la llamada brecha digital al incluirla como tema de primer nivel en su agenda. Efectivamente por vez primera se incluía en una agenda internacional, y a instancias de la ONU, un tema que todavía hoy -cuando ya se ha debatido en numerosas cumbres internacionales posteriores- sigue poniendo de manifiesto que las Tecnologías de la Información y del Conocimiento (TIC) pueden realmente fomentar el desarrollo de las personas, pero también aumentar las diferencias entre los países desarrollados que tienen acceso a las TIC y aquellos que no lo tienen, favorenciendo las diferencias entre los inforricos y los infopobres.

Okinawa fue el punto de partida. De allí salió la Carta de Okinawa sobre la Sociedad de la Información Global, que prometía beneficiar al Tercer Mundo con las nuevas tecnologías de la información. El G-8 se comprometió a reducir la “brecha digital” entre las naciones que poseían y las que carecían de infraestructuras informáticas, y advirtió de que el uso efectivo de las tecnologías de la información como herramienta del desarrollo dependía de la capacidad de los gobiernos respectivos para hacer frente a los cambios. A su vez se comprometía a que los poderes públicos elaborasen el entorno reglamentario y el marco previsible, transparente y no discriminatorio, necesario para la sociedad de la información.

Desde aquella cumbre internacional hasta la realidad de nuestros días se han celebrado otros muchos encuentros, en los que se han analizado a fondo las profundas desigualdades imperantes en el acceso a las nuevas tecnologías informáticas y de comunicaciones y a las diversas posibilidades y ventajas que estas ofrecen a las personas, según a qué parte del mundo pertenezcan.

Hay que ser conscientes de que “las tecnologías de la información y la comunicación no son ninguna panacea ni fórmula mágica, pero pueden mejorar la vida de todos los habitantes del planeta. De que se disponen de herramientas para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de instrumentos que harán avanzar la causa de la libertad y la democracia, y de los medios necesarios para propagar los conocimientos y facilitar la comprensión mutua”, suscribiendo de esta forma las palabras que el secretario general de la ONU, Kofi Annan, pronunció en el discurso inaugural de la primera parte de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información celebrada en Ginebra en 2003, y cuya segunda fase se celebra en Túnez en noviembre de 2005. Destacar que en la Declaración del Milenio de 2000 se recogía como uno de los objetivos a cumplir para poder lograr la reducción de la pobreza al cincuenta por ciento en 2015, el uso generalizado de las TIC.

Conscientes de las ventajas del acceso universal a la sociedad de la información, no podemos rechazar, por la obviedad del razonamiento, las críticas de aquellas ONG que defienden que antes de promover la expansión informática los gobiernos deben centrarse en la condonación de la deuda de los países más pobres porque “los ordenadores no se comen”. En otras palabras y según James Wolfenson, exdirector del Banco Mundial, “la infraestructura humana, con el impulso del conocimiento y la educación, debe preceder a la puesta a punto de la infraestructura técnica de aparatos y programas que requiere el acceso a la era informática” . El gran magnate de la informática, Bill Gates, ha defendido este planteamiento en más de una ocasión. Para él “la población más pobre no necesita computadoras, sino una mejor atención sanitaria –el 95% del gasto médico se realiza en los países desarrollados- y una mayor educación”.

En esta misma línea el Informe sobre Desarrollo Humano de 2001, encomendado por el PNUD (el Programa de Desarrollo de la Naciones Unidas), remarcaba la contribución que las tecnologías de la información y de las comunicaciones podían hacer para reducir la pobreza en el mundo ayudando a superar las barreras de aislamiento social, económico y geográfico, aumentando el acceso a la información y la educación y posibilitando la participación de los más pobres en la toma de decisiones. Destacaba también, sin embargo, el gran número de oportunidades tecnológicas que se habían perdido hasta el momento debido a la ausencia de demanda en el mercado y a la insuficiencia de la financiación pública.

Si la sociedad de la información debe ser para todos, es imprescindible su orientación hacia el desarrollo justo, equitativo, sostenible y alcanzable, también para todos, con un acceso realmente universal, inclusivo y no excluyente. Es necesario conocer y profundizar en la realidad de cada país, porque aunque parezca difícil de entender son amplias las inversiones económicas en programas de alfabetización informático-tecnológica en zonas del mundo donde la electricidad no llega, donde la mayoría de la gente no ha utilizado en su vida un teléfono y, más aún, donde las tasas de analfabetismo y la precariedad económica se convierte en el principal y más real obstáculo a superar para poder, mirar al menos de soslayo, a la puerta del subdesarrollo. Según Intermón Oxfam las TIC requieren enormes cantidades de fondos que, a su juicio, se restarán de la educación básica. El daño será mayor. Construir escuelas no es tan caro, pero no hacerlo puede ser enormemente caro.

Planteado ya el riesgo que supone que la brecha tecnológica siga el mismo curso que la del desarrollo y se amplíe cada vez más si no ocurren cambios sociales y políticos profundos en los países pobres, debemos centrarnos también en los aspectos positivos que el desarrollo tecnológico, fundamentalmente Internet y el correo electrónico, está provocando en el sector social o Tercer Sector, ya que, por ejemplo, se ha manifestado como una excelente herramienta para el trabajo en red de las ONG y ha abierto nuevas formas de participación ciudadana creando fuertes instrumentos de concienciación y sensibilización social, así como de presión para con los gobiernos y las empresas.

Según la profesora Patricia Iranzo, de la Universidad Juan Carlos I, en su artículo El impacto de la comunicación digital en el tercer sector. Entre la brecha digital y el uso benéfico de las TIC “el Tercer Sector ha sabido dar en algunos casos un uso específico a las TIC valorado en pocos foros (…) Se trata de la ePublicidad que realizan algunas ONG, fundaciones... quizá el ejemplo más paradigmático son los diez millones de firmas electrónicas que Amnistía Internacional pudo recoger en un tiempo muy breve gracias a su campaña on-line, y con las que pudo presionar para detener la lapidación de la nigeriana Amina. La denominada “solidaridad digital” ha empezado a caminar, pero aún falta mucho por recorrer, su base es la comunicación digital y sus conductores deben ser las fundaciones y ONG con capacidad profesional para ello”.

Las ONG españolas están adoptando una postura activa ante la revolución digital y la nueva economía. Se han unido al carro del adelanto tecnológico en un país que aún no está al mismo nivel que sus socios directos de la UE, pero que de 1990 a 2003, según el Informe del PNUD, 2005 ha sufrido un notable avance en cuanto a desarrollo tecnológico. En la actualidad existen, por cada mil habitantes, 429 líneas telefónicas, 916 personas tienen teléfonos móviles y 239 son usuarias de Internet. Los datos de 1990 distan mucho de éstos: 316 líneas telefónicas, un abonado a móvil y ningún usuario de Internet por cada mil habitantes, con lo que parece que el avance es real.

Sin embargo, según el último Informe sobre la Sociedad de la Información en España (2004) publicado por la empresa Telefónica, nuestro país –con un índice de penetración de Internet del 33,1%- aún tiene que superar algunas barreras, como son el acceso a la banda ancha; la disponibilidad de un PC (el 48,5% de la población no tiene ordenador); el conocimiento sobre el uso de las TIC (el 78,5% de la población no ha recibido formación al respecto) y la falta de interés por estos temas manifestada por más del 76% de la población.

La realidad del Tercer Sector español no dista de la del país. Pese a que las ONG españolas se han puesto manos a la obra en cuanto al desarrollo tecnológico de sus organizaciones y han sabido adaptarse a las nuevas posibilidades que éste les ofrece, aún les queda mucho por hacer. La falta de recursos y el grado de profesionalización, entre otros, son factores que están influyendo en la incorporación, o no, de las TiC a la rutina diaria de las ONG españolas, dejándolas por detrás incluso de las administraciones públicas.

No obstante parece que el camino se está allanando. Así lo confirma un reciente estudio publicado por la Fundación BIP-BIP con el apoyo de la Fundación Luis Vives y el Fondo Social Europeo, en el que se recoge – tomando sólo como referencia a las ONG de Acción Social que trabajan por la integración laboral de colectivos en riesgo- que el 80% de las organizaciones ya están convencidas de que la integración de las TIC en su actividad es una prioridad, y que el 63% las considera “imprescindibles” para llevar a cabo su labor. Casi todas las entidades encuestadas explicaron que tienen equipos informáticos avanzados, que todos los equipos de la entidad están conectados a una red local, que algunos de sus ordenadores están conectados a Internet y que utilizan el correo electrónico de manera habitual.

En resumen, la situación del Tercer Sector español en cuanto a su incorporación definitiva en la sociedad de la información parece ser optimista, ya que la situación actual nos señala que las ONG españolas le están perdiendo el miedo a la revolución digital, y que se están preocupando por su alfabeticización tecnológica de cara a potenciar sus actividades, sensibilizar a sus públicos y contribuir a la reducción de la tan mencionada “brecha digital” en un mundo donde más de la mitad de la población nunca ha efectuado una llamada de teléfono.


Logo

Revista Española del Tercer Sector. Editada por Fundación Luis Vives. ISSN Versión digital:1886/0419. La Revista Española del Tercer Sector ha sido incluida en el catálogo del sistema de información LATINDEX y en el ISOC del CSIC.
La revista se cofinancia con ayuda del Fondo Social Europeo en el marco del Programa Operativo Lucha contra la Discriminación 2007-2013.

© Fundación Luis Vives | Legal Notice
Doctor Zamenhof St., 36, 28027 Madrid | luisvives@fundacionluisvives.org

Charitable and welfare foundation by Ministerial Order of 11 September 1989 and registered under number 28-0857, with the CIF G78649746

web by eCliente

Fondo Social Europeo

This website is co-financed by the European Social Fund within the framework of the Operative Program Fighting against Discrimination 2007-2013..