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En julio del 2000 los jefes de Estado y Gobierno de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia, además de
Okinawa fue el punto de partida. De allí salió la Carta de Okinawa sobre la Sociedad de
Desde aquella cumbre internacional hasta la realidad de nuestros días se han celebrado otros muchos encuentros, en los que se han analizado a fondo las profundas desigualdades imperantes en el acceso a las nuevas tecnologías informáticas y de comunicaciones y a las diversas posibilidades y ventajas que estas ofrecen a las personas, según a qué parte del mundo pertenezcan.
Hay que ser conscientes de que “las tecnologías de la información y la comunicación no son ninguna panacea ni fórmula mágica, pero pueden mejorar la vida de todos los habitantes del planeta. De que se disponen de herramientas para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de instrumentos que harán avanzar la causa de la libertad y la democracia, y de los medios necesarios para propagar los conocimientos y facilitar la comprensión mutua”, suscribiendo de esta forma las palabras que el secretario general de la ONU, Kofi Annan, pronunció en el discurso inaugural de la primera parte de
Conscientes de las ventajas del acceso universal a la sociedad de la información, no podemos rechazar, por la obviedad del razonamiento, las críticas de aquellas ONG que defienden que antes de promover la expansión informática los gobiernos deben centrarse en la condonación de la deuda de los países más pobres porque “los ordenadores no se comen”. En otras palabras y según James Wolfenson, exdirector del Banco Mundial, “la infraestructura humana, con el impulso del conocimiento y la educación, debe preceder a la puesta a punto de la infraestructura técnica de aparatos y programas que requiere el acceso a la era informática” . El gran magnate de la informática, Bill Gates, ha defendido este planteamiento en más de una ocasión. Para él “la población más pobre no necesita computadoras, sino una mejor atención sanitaria –el 95% del gasto médico se realiza en los países desarrollados- y una mayor educación”.
En esta misma línea el Informe sobre Desarrollo Humano de 2001, encomendado por el PNUD (el Programa de Desarrollo de
Si la sociedad de la información debe ser para todos, es imprescindible su orientación hacia el desarrollo justo, equitativo, sostenible y alcanzable, también para todos, con un acceso realmente universal, inclusivo y no excluyente. Es necesario conocer y profundizar en la realidad de cada país, porque aunque parezca difícil de entender son amplias las inversiones económicas en programas de alfabetización informático-tecnológica en zonas del mundo donde la electricidad no llega, donde la mayoría de la gente no ha utilizado en su vida un teléfono y, más aún, donde las tasas de analfabetismo y la precariedad económica se convierte en el principal y más real obstáculo a superar para poder, mirar al menos de soslayo, a la puerta del subdesarrollo. Según Intermón Oxfam las TIC requieren enormes cantidades de fondos que, a su juicio, se restarán de la educación básica. El daño será mayor. Construir escuelas no es tan caro, pero no hacerlo puede ser enormemente caro.
Planteado ya el riesgo que supone que la brecha tecnológica siga el mismo curso que la del desarrollo y se amplíe cada vez más si no ocurren cambios sociales y políticos profundos en los países pobres, debemos centrarnos también en los aspectos positivos que el desarrollo tecnológico, fundamentalmente Internet y el correo electrónico, está provocando en el sector social o Tercer Sector, ya que, por ejemplo, se ha manifestado como una excelente herramienta para el trabajo en red de las ONG y ha abierto nuevas formas de participación ciudadana creando fuertes instrumentos de concienciación y sensibilización social, así como de presión para con los gobiernos y las empresas.
Según
Las ONG españolas están adoptando una postura activa ante la revolución digital y la nueva economía. Se han unido al carro del adelanto tecnológico en un país que aún no está al mismo nivel que sus socios directos de la UE, pero que de
Sin embargo, según el último Informe sobre la Sociedad de la Información en España (2004) publicado por
La realidad del Tercer Sector español no dista de la del país. Pese a que las ONG españolas se han puesto manos a la obra en cuanto al desarrollo tecnológico de sus organizaciones y han sabido adaptarse a las nuevas posibilidades que éste les ofrece, aún les queda mucho por hacer. La falta de recursos y el grado de profesionalización, entre otros, son factores que están influyendo en la incorporación, o no, de las TiC a la rutina diaria de las ONG españolas, dejándolas por detrás incluso de las administraciones públicas.
No obstante parece que el camino se está allanando. Así lo confirma un reciente estudio publicado por
En resumen, la situación del Tercer Sector español en cuanto a su incorporación definitiva en la sociedad de la información parece ser optimista, ya que la situación actual nos señala que las ONG españolas le están perdiendo el miedo a la revolución digital, y que se están preocupando por su alfabeticización tecnológica de cara a potenciar sus actividades, sensibilizar a sus públicos y contribuir a la reducción de la tan mencionada “brecha digital” en un mundo donde más de la mitad de la población nunca ha efectuado una llamada de teléfono.