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El Análisis Estratégico del Tercer Sector de Acción Social (1) ha sido encargado por la Plataforma de ONG de Acción Social, con el propósito de impulsar un Plan Estratégico para el TSAS en el marco del Consejo Estatal de ONG de Acción Social. Dicha plataforma, aglutina a una nutrida representación de las confederaciones sectoriales y grandes entidades generalistas que actúan en éste campo.
Como bien es sabido uno de los problemas fundamentales que hay es delimitar y definir lo que se entiende por tercer sector de acción social. A los efectos de este estudio se presenta como “el ámbito formado por entidades privadas de carácter voluntario y sin ánimo de lucro, que surgidas de la libre iniciativa ciudadana funcionan de forma autónoma y tratan, por medio de acciones de interés general, de impulsar el reconocimiento y el ejercicio de los derechos sociales, de lograr la cohesión y la inclusión social en todas sus dimensiones y de evitar que determinados colectivos sociales queden excluidos de unos niveles suficientes de bienestar”.
Además se remarca que la actividad de las mismas se desarrolla en el Estado español y que algunas cuentan con una organización de voluntariado para llevar a cabo sus actividades. La complejidad y extensión de la definición da una idea de la heterogeneidad de estas entidades, tanto en sus formas organizativas, modalidades jurídicas como en su objeto social.
Tres son las cuestiones a las que intenta responder el estudio que ha servido de base para elaborar el borrador del plan estratégico: la primera de ellas es ¿quiénes somos y porqué?; en la misma se abordan temas como la identidad la imagen, la estrategia de comunicación de las entidades, la ética, el marketing con causa, y la hiperregulación a la que está “sometido” el sector, que es considerada como excesivamente cicatera y poco favorecedora de la iniciativa social.
La segunda pregunta que se plantea es ¿qué hacemos y con quién?. La relación con el sector público es un tema de especial preocupación, sobre todo por la dependencia no solamente financiera, más del 50% de los recursos de estas entidades proceden de la administración pública de acuerdo a la encuesta realizada, sino también la dependencia ideológica que esto conlleva. En este ámbito se plantea la tensión entre la función, crecientemente progresiva, que las entidades van desarrollando en la prestación de servicios y su papel en la defensa de los derechos fundamentales, progresivamente relegada, al menos por una buena parte de las entidades. El debate entre la competencia y la cooperación añade aún más complejidad al asunto.
La última de las cuestiones tiene que ver con el ¿cómo lo hacemos? o lo que es lo mismo, la cultura organizativa. Tras definir ésta en toda su complejidad, se reducen sus elementos esenciales a la gestión, la comunicación y la calidad. Hay tres aspectos de calado que el estudio aborda y que son objeto de debates entre líderes y activistas: uno de ellos es el del papel del voluntariado, esencial al sector, pero sobre el que no está suficientemente claro el papel que debe de jugar, la relación con los profesionales, etc. De igual calado se consideran tanto la representación de las entidades y, por ende, su base social y su capacidad para movilizar a la misma, así como el trabajo en red, algo de lo que las entidades están convencidas pero en el que hay mucho recorrido dada la excesiva fragmentación del movimiento asociativo.
El estudio concluye con la necesidad de reforzar lo que considera los cuatro pilares básicos del sector:
Probablemente junto a ellos habría que incluir otros aspectos que vienen siento reiteradamente constatados y que se pusieron de manifiesto en las distintas secciones del número uno de ésta revista.
Un estudio que indudablemente aporta valor, no solamente por los contenidos que aborda, sino por la manera en la que los presenta (en formato DAFO se hace una síntesis de 20 páginas sobre el sector), y también por el método, que tiene la virtualidad de haber servido para recabar opiniones de los implicados, a través de foro virtual, talleres, entrevistas y un cuestionario; pero con la limitación de enfocar el asunto desde una visión interna, perdiendo otras perspectivas, que sin duda lo enriquecerían.
José Manuel Fresno García
Director Gerente de la Fundación Luis Vives