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Cabrera, Pedro (dir. 2005)
Universidad Comillas y Fundación Telefónica, Madrid.
Este Informe de investigación es el primero realizado en España sobre el impacto de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) en la lucha contra la exclusión social. Los objetivos del mismo han sido estudiar la difusión, posicionamientos y actitudes frente a las TIC, así como las posibilidades que éstas presentan para el mundo asociativo.
El Laboratorio de Sociología de la Universidad de Comillas, encargado del trabajo de campo, reunió una base de datos de 5.448 asociaciones y entidades sociales, y concretó 1.501 entrevistas telefónicas, con un margen de confianza del 95%. Además, el equipo investigador llevó a cabo diez grupos de discusión con profesionales de entidades y personas en situación o riesgo de exclusión social, en Madrid, Bilbao, Valencia, Sevilla y Barcelona. Los porcentajes de distribución entre las entidades que aportaron sus datos son: asociaciones (57%), entidades religiosas (17%), fundaciones (14%), otros (11%) y empresas mercantiles de servicios sociales (1%). En cuanto a los colectivos de atención preferentes, el 26% se dedica a los inmigrantes, el 19% a infancia, el 18% a drogodependencia y otras adicciones, el 16% a juventud y personas sin hogar respectivamente, el 12% a familia y el resto, a una variedad de colectivos, con porcentajes por debajo del 10%.
El panorama que se retrata es muy desigual e indica claramente la presencia de una brecha digital en el mundo asociativo: el 55% del total de entidades tiene un grado de informatización medio-alto y alto, frente al otro 45% que presenta niveles bajos, muy bajos o medio-bajos.
El estudio detecta que más de la mitad de las organizaciones consultadas no han recibido ningún tipo de ayuda para incorporar nuevas tecnologías, ni tampoco formación. Existen cuatro tipos de entidades particularmente mal equipadas: las que trabajan con gitanos, con personas en situaciones de pobreza y exclusión, con personas reclusas y con personas sin hogar. Los autores del estudio consideran que estos cuatro tipos, junto con las entidades que se vuelcan a las mujeres víctimas de violencia de género, necesitan un apoyo especial para la introducción de las nuevas tecnologías en su trabajo.
Entre los frenos al desarrollo tecnológico del sector se encuentran la falta de formación en informática de las personas que trabajan en las organizaciones, la falta de programas informáticos y la escasa adaptación del software y de Internet de acuerdo con las necesidades de las personas en riesgo de exclusión. Si bien 1.276 entidades tienen acceso a Internet, 225 todavía carecen del mismo.
A pesar de estos datos poco esperanzadores, hay una base importante para superar los obstáculos detectados, el número de ordenadores y de usuarios que ya acceden a Internet en estas organizaciones, incluidos las propias personas en riesgo de exclusión. Entre estos últimos, los inmigrantes excluidos socialmente son los que más utilizan Internet o el móvil. Las páginas web “sociales” todavía no tienen tanta difusión como cabría esperar; las más conocidas son Cáritas, HacesFalta, Cruz Roja, Canal Solidario, Risolidaria, SolucionesOng, Red Acoge y Fundación Luís Vives.
El uso del ordenador e Internet por parte de los usuarios es básicamente recreativo, de ocio y juegos (70,4%), de búsqueda de empleo (60,8%), informativo y de acceso a otros servicios gratuitos (47,6 %), para localizar y utilizar materiales educativos (44,2%), para realizar su trabajo habitual (42,6%) y para acceder a servicios de la Administración Pública (34,9%). Los usuarios han hecho una valoración muy importante de Internet, como elemento simbólico de inclusión: “Internet es el mundo entero.” (Grupo Madrid); “Internet es la ventana del mundo.” (Grupo Valencia); “Si quieres aprender, las posibilidades son tan infinitas.” (Grupo Bilbao); “Ahora todo está informatizado, es todo un sistema, y uno tiene que estar dentro del sistema, si estás fuera, estás fuera del contexto.” (Grupo Sevilla) “Todo está conectado con computadoras, satélites, teléfonos y el que se queda atrás se pierde todo, como que es un dinosaurio.” (Grupo Barcelona)
Las recomendaciones del estudio se dirigen a superar distintos aspectos de estas brechas digitales, de las entidades y de los usuarios. Un plan de formación, que tendría como objetivo que las mismas organizaciones se convirtiesen en centros de formación para las personas en situación de exclusión social. Además, se aprovecharía el uso que las personas afectadas ya hacen de Internet, y que está principalmente relacionado con el ocio, la búsqueda de empleo y la obtención de información. De forma complementaria, se propone la elaboración de publicaciones didácticas, dirigidas tanto a formadores como a usuarios finales.
Por su parte, el teléfono móvil parece ser el potencial aliado para luchar contra la exclusión, ya que muchas personas que carecen de lo más básico, en ocasiones cuentan con un teléfono móvil. En un grupo de discusión constituido en Bilbao por los autores del estudio con personas que trabajan en organizaciones que luchan contra la exclusión, una de ellas señalaba: “Tú vas a... (Cita un albergue de Personas sin Hogar) y el 90% tiene móvil... Y los toxicómanos, al lado de las pastillas, llevan el móvil”. Por lo tanto, queda como asignatura pendiente la explotación de esta potencialidad, la integración del teléfono móvil en el proceso de inclusión.
Finalmente, esta investigación propone la difusión e intercambio de buenas prácticas; el apoyo económico continuado y serio, especialmente procedente del sector privado, introduciendo criterios de calidad en las donaciones; el impulso general de la formación en TIC; políticas de precios diferenciadas para el sector no lucrativo e incorporación de más profesionales cualificados, de forma tal que estimulen la modernización tecnológica.
Graciela Malgesini
Consultora de Cruz Roja Española