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Fundación Luis Vives



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Nº  3  /  MAY - AGO 2006

Revista Española del Tercer Sector

La situación social en España.

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Navarro, Vicenç (director)(2005) 

Fundación F. Largo Caballero – Editorial Biblioteca Nueva. Madrid.

La reciente publicación de ‘La situación social en España’, logra aliviar un innegable —y sobre todo inquietante— déficit de estudios solventes que analicen en profundidad (y desde una perspectiva empírica) la situación del Estado de Bienestar español. En la introducción de este ambicioso e importante estudio, su director, el profesor Vicenç Navarro, explicita como objetivo estratégico que anima el proyecto, afrontar esta endémica carencia de investigaciones rigurosas ‘académicamente’, y al mismo tiempo, añadiríamos nosotros, intelectualmente ‘comprometidas’ con el propio modelo del Estado de Bienestar (en su versión, llamémosla así, ‘socialdemócrata’). Desde una perspectiva general, el texto en su conjunto no sólo se dirige a la descripción y análisis del Estado del Bienestar español y las políticas públicas asociadas, sino que sobre todo, proporciona una valiosísima instantánea detallada y actualizada (o mejor dicho, todo lo detallada y actualizada que permiten las todavía deficientes fuentes estadísticas disponibles) de ámbitos centrales de la realidad social española, adoptando además, una perspectiva comparada (europea y por comunidades autónomas). De ahí que el título del volumen, pese a su ambigüedad e indeterminación inherente, sea especialmente adecuado con respecto al contenido del mismo.

La tesis fundamental que argumenta sólidamente Navarro a lo largo de todos los capítulos que firma en el volumen, y que debería servir al lector como ‘clave’ interpretativa central a través de la cual valorar el material empírico de buena parte del resto de capítulos que componen el estudio, no es sólo que el Estado de Bienestar español se muestra como una realidad débil, subdesarrollada y precaria (hecho que vincula históricamente con el régimen franquista), sino que además “España se gasta mucho menos que lo que le corresponde por su nivel de riqueza”. En ese sentido, Navarro defiende que nuestro país debe gastar más porque ‘puede hacerlo’ y porque existen necesidades sociales no cubiertas que justifican esa inversión adicional. Sin embargo, de manera paradójica, las políticas de gasto público desarrolladas desde comienzos de la década de los noventa, han roto una tendencia de aproximación a lo largo de los años ochenta (aunque se tratara de una aproximación parsimoniosa y limitada), a los niveles de gasto en protección social de los países europeos con Estados de Bienestar más desarrollados. A partir del año 1993, se produce una marcada tendencia a la contención en el gasto y un proceso de ‘desconvergencia social’ con Europa. Por consiguiente, en esta etapa, mientras se reducía nuestro déficit económico de cara a la convergencia monetaria, se ampliaba significativamente el déficit social con respecto a Europa.

Asimismo, el estudio de las partidas de gasto público en protección social con respecto al PIB, muestran que el potencial económico español permitiría un mayor desarrollo de nuestro Estado de Bienestar (lo cual confirma el desfase entre riqueza y gasto público). De esta manera, el problema del infradesarrollo de los programas de bienestar públicos se transforma para Navarro fundamentalmente en un ‘simple’ problema de falta de ‘voluntad política’. Tal convergencia social implicaría necesariamente la convergencia en la carga fiscal, hecho que —apuntamos nosotros— parece difícil de imaginar en estos momentos, tanto por la ‘doctrina’ fiscal asumida por los sucesivos gobiernos de distinto signo ideológico, como por las resistencias de amplios sectores de las clases medias —y de renta elevada en general— poco ‘afines’ a un modelo del Estado de Bienestar fuerte, y especialmente, a los esfuerzos fiscales redistributivos asociados.

Otro elemento central en el diagnóstico de Navarro, es la progresiva polarización que observa en el sistema de provisión de servicios, y que afecta fundamentalmente a la educación y la sanidad (dos pilares básicos del sistema de bienestar). La población de renta superior tiende a utilizar los servicios privados, o recibe trato preferencial en los públicos (resulta especialmente paradójico el caso de las fundaciones hospitalarias señalado en el texto), mientras las clases populares usan los servicios públicos. Tal polarización (que se concreta arquetípicamente en la progresiva ‘huida’ de las clases medias de los colegios públicos), puede reflejar y al mismo tiempo potenciar —apuntamos por nuestra parte— una peligrosa ‘desafección’ de segmentos importantes de esas clases medias con respecto al Estado de Bienestar. Pensamos por lo tanto, que de este proceso de polarización, podría derivarse una fuente potencial de deslegitimación del modelo de bienestar. Este proceso de polarización, no es ajeno al fuerte incremento de la población inmigrante en la sociedad española, que ha afectado y exigido de manera especial al sistema educativo (sin que éste haya recibido financiación adicional). En este ámbito, la polarización ha cristalizado socialmente, en gran medida, gracias a los sutiles y tremendamente efectivos mecanismos de ‘selección’ del alumnado autóctono desarrollados por los colegios privados concertados. La única salida que se vislumbra a esa polarización, y que se señala reiteradamente en el estudio, pasa por el ‘reforzamiento’ del sector público, lo que implica fundamentalmente una financiación suficiente que no le coloque en una situación de desventaja con respecto al sector privado, que además en ocasiones, se beneficia de una doble financiación.

Considerando el enfoque general del texto, resulta evidente que los autores que participan en esta obra colectiva niegan radicalmente que el Estado de Bienestar español se halle ‘sobredimensionado’. Su valoración es justo la contraria, nos encontramos ante un Estado de Bienestar débil que es necesario fortalecer, lo cual implica necesariamente el desarrollo de nuevos servicios y prestaciones y la intensificación de transferencias económicas; esto es, más gasto público. Los datos contenidos en el volumen, y el análisis de las políticas públicas, refutan contundentemente la imagen de un Estado demasiado generoso y sobreprotector.

Es por ello, que el texto en su conjunto no dibuja un panorama demasiado halagüeño con respecto a la situación del Estado de Bienestar español, caracterizado en general por limitaciones derivadas de la sistemática ‘infradotación’ económica. Así sucede con el sistema sanitario (que refleja además una inversión desequilibrada en favor de la atención hospitalaria y el gasto farmacéutico, en detrimento de la atención primaria y los programas de salud pública), y también con el sistema educativo, un sistema —éste último— fuertemente lastrado por la ausencia de una verdadera política de igualdad de oportunidades, y cuyos resultados pueden ser calificados simplemente de mediocres. En otros ámbitos sociales la situación no es mucho mejor. Con respecto a las políticas de empleo, nos encontramos un mercado de trabajo todavía muy alejado del ideal del pleno empleo (a pesar de la baja tasa de actividad), y sobre todo, caracterizado por una patente precariedad (bajas remuneraciones, elevadísima temporalidad, etc.), con una cobertura del desempleo bastante limitada, configurándose además, como un espacio en el que han tendido a fracasar las sucesivas reformas laborales. No debemos olvidar que la política de vivienda ha resultado errática y restrictiva, al margen de presentar una orientación liberal que ha beneficiado fundamentalmente a quien ya posee capacidad de compra. Pese a las iniciativas legislativas en curso, carecemos aún de un sistema de protección a la dependencia, lo cual expresa un retraso importante con respecto al grueso de los países de la ya antigua UE-15. Por otro lado, durante los últimos años nuestro sistema fiscal ha perdido progresividad, y apenas muestra capacidad redistributiva. Atisbando los resultados de la política ‘redistributiva’, si es que merece tal nombre, no podemos sino insistir en los niveles elevados de pobreza y desigualdad que presenta nuestra sociedad, y que, si bien el sistema de pensiones, en su estructuración actual es sostenible a medio plazo proporciona una protección muy deficiente a los ancianos españoles.

Tras destacar el indudable valor del proyecto, el interés de la perspectiva general adoptada, y la calidad de los resultados contenidos en el texto, dirigiremos ahora nuestra atención a señalar algunos problemas ‘formales’ y de enfoque, que sin resultar críticos, afectan al conjunto de la obra. Desde un punto de vista estrictamente formal, el trabajo aparece ante el lector más como una compilación de trabajos autónomos (que comparten una cierta temática: la ‘situación social’), que como el resultado de un proyecto unitario y coordinado. Disponemos de un valioso ‘sumatorio’ de aportaciones, con un nivel muy destacable en su conjunto, pero extremadamente dispares en sus estrategias de aproximación al objeto y en el enfoque adoptado (encontramos capítulos con una fuerte orientación metodológica y conceptual, otros con una perspectiva más descriptiva, algunos se concentran en el análisis de políticas públicas, otros curiosamente obvian estas políticas por completo, etc.). En consecuencia, el resultado es un libro muy rico pero a la vez extremadamente heterogéneo, que adolece de una ‘limitada’ coherencia. Las distintas aportaciones no ‘dialogan’ entre sí de manera fluida, salvo a través del primer capítulo redactado por Vicenç Navarro, que de esta manera, cobra una importancia capital como elemento estructurador del texto en su conjunto. Como aspecto positivo, debemos insistir en que esa realidad abigarrada y desigual confiere más matices al texto y hace que en general los capítulos puedan ser leídos de manera aislada (tienden a poseer un sentido ‘completo’). Además, como resultado de la ‘individualidad’ de las aportaciones, la ‘comprensibidad’ con respecto a la temática asociada al Estado de Bienestar a la que se aspira, y que se refleja en el índice general del volumen, no siempre se cumple, percibiéndose ciertas ‘lagunas’ de entidad. A modo de simple muestra, en el análisis del sistema educativo, se realiza una revisión en profundidad de la formación profesional, mientras que el estudio ‘individualizado’ de la enseñanza secundaria obligatoria, el bachillerato y los estudios universitarios, se obvian casi completamente. Si se trata del resultado de la aplicación de un criterio pertinente o no, lo desconocemos, pero en su caso, debiera hacerse explícito.

Por otro lado, un número importante de capítulos no se dirigen en sentido estricto a la exploración del Estado de Bienestar, en tanto en cuanto, no compaginan en pie de igualdad el estudio empírico del ámbito de la realidad social al que se aproximan (pongamos por caso la inmigración), con el análisis concreto de las políticas públicas (siguiendo con el ejemplo, políticas de ‘control’ de flujos, de regularización, de integración social y cultural, etc.), quedando fuera del alcance de estos capítulos, la posibilidad de ilustrar las importantísimas interferencias dinámicas y condicionamientos recíprocos que se producen continuamente entre ambos ámbitos y que proporcionan elementos clave para caracterizar y entender el modelo de bienestar imperante. Estos capítulos se muestran menos orientados hacia una interpretación crítica —empíricamente fundada— de las políticas públicas, y más encaminados hacia una descripción aséptica-técnica, que en ocasiones peca en exceso de a-valorativa, de realidades sociales. Al mismo tiempo, es justo señalar que existe otro buen número de capítulos (desde nuestro punto de vista los más fructíferos y con mayor potencialidad interpretativa) que sí equilibran productivamente la descripción y análisis de la realidad social con la caracterización de las políticas públicas asociadas (1).

A pesar de la elevada ‘exhaustividad’ temática del estudio, puede identificarse un relativo vacío. Quizá hubiera sido interesante la incorporación de un capítulo que valorara comparativamente el papel de las distintas instancias sociales que intervienen en la producción del bienestar (estado, familia, Tercer Sector y mercado), y que de manera más específica relacionara directamente el proceso de reestructuración del Estado de Bienestar con la evolución de las ‘responsabilidades’ asumidas por el Tercer Sector y el mercado en la prestación de servicios. En el texto, se explora el papel del mercado (especialmente con respecto al sistema educativo y la sanidad), pero salvo referencias puntuales las ong ‘desaparecen’, justo en el momento en el que su contribución es relativamente más importante en el desarrollo —tutelado por parte del Estado— de ciertas políticas sociales.

En su conjunto, ‘La situación social en España’ responde a una estrategia metodológica casi exclusivamente cuantitativa, lo que a la postre conduce necesariamente una lectura útil pero incompleta del modelo de bienestar español. Sin negar la indiscutible necesidad de ‘medir’ ciertas dimensiones asociadas al Estado de Bienestar, y reconociendo la relevancia de buena parte de los datos cuantitativos que se introducen a lo largo del estudio, es necesario apuntar que en ocasiones (no se trata de una tendencia general), encontramos un uso abusivo de los indicadores cuantitativos y del ‘aparato’ estadístico, pareciendo que la acumulación de ‘datos’ constituye un fin en sí misma y un marchamo de cientificidad. El resultado paradójico y hasta perverso de este ‘sobreenfasis cuantitativo’, es que cuanto más se acumulan y recombinan los indicadores, menos tienden a ‘decir’ de la propia realidad estudiada. Los indicadores se convierten en cifras autorreferentes, y en última instancia, tienden a perder sentido social. Resulta curioso constatar que los capítulos que realizan un uso más comedido y ‘juicioso’ de las fuentes estadísticas, aquellos de orientación más ‘discursiva’, son los que proporcionan un análisis más concreto (y sociológicamente relevante) de la realidad estudiada.

Una última limitación que afecta a la investigación, tiene que ver con la no incorporación de lo que podríamos denominar ‘la perspectiva de los ciudadanos’ en la valoración global del Estado de Bienestar, perspectiva ésta que permitiría contextualizar de manera mucho más adecuada los indicadores cuantitativos disponibles. Tal falla, es consecuencia directa de la ausencia de un enfoque cualitativo que atienda a los discursos sociales, explorando las representaciones colectivas (ideológicas) y los procesos motivacionales que caracterizan a distintos colectivos con respecto al Estado de Bienestar. Parece absolutamente necesario, que los datos macroeconómicos e indicadores cuantitativos, se complementen con el análisis de las condiciones concretas de existencia de los ciudadanos y su percepción del modelo de bienestar. Recurriendo a ejemplos concretos, hemos de señalar que la realidad cotidiana y concreta del pensionista, de los enfermos, de los parados, de los inmigrantes, de los estudiantes, de los pobres, de las mujeres, etcétera, parece difuminarse en la consideración de los datos macro. Así pues, es necesario estudiar cómo ciertos aspectos de los ‘estilos de vida’, e incluso de las identidades sociales, se conforman en el contexto de un cierto modelo de bienestar social. Y de igual manera, se echa en falta un ‘análisis concreto’ (que parta en cierta medida de la observación directa) del funcionamiento institucional del Estado de Bienestar.

Los problemas formales y metodológicos que hemos señalado con respecto al informe, no limitan en ningún caso el enorme valor del proyecto en su conjunto. El texto atesora una enorme cantidad de información extremadamente relevante, accesible, actualizada y bien estructurada, y ofrece una serie de ‘diagnósticos’ especialmente ilustrativos con respecto a la realidad social española en general y su Estado de Bienestar en particular. Estas características hacen que deba constituirse por méritos propios en un texto básico de referencia.

Angel Zurdo Alaguero

 

Notas pie de página

1 Los capítulos que más responden a este modelo son los siguientes: a) El Estado de Bienestar en España, b) La legislación laboral española en la perspectiva de la Unión Europea, c) Igualando por la base: oportunidades de educación y cuidado de la primera infancia en España, d) La Sanidad en España, e) Modelos de Protección Social a la Dependencia con especial referencia al Espacio Europeo, y f) Pobreza y rentas mínimas.