¿Cuáles son los retos fundamentales que tiene España con relación a la inmigración?
En los últimos años el Estado Español ha ido acentuando, a niveles europeos, su papel como país de recepción de trabajadores extracomunitarios, que con su llegada por causas y motivaciones diversas, han originado una modificación en el paisaje humano, laboral, social y cultural del territorio.
Modificaciones que incluso con los últimos acontecimientos en Ceuta y Canarias, mediatizados por los medios de comunicación con la llegada de contingentes de subsaharianos, hace que España se reafirme en este papel de acogida o de tránsito hacia otros países. Esto es un hecho social, el cual no es una perspectiva de futuro sino de actuación y de realidad hoy. Que atrae a hombres y mujeres inmigrantes, solos o con cargas familiares. El perfil de atención y de acogida en años anteriores sigue subrayando un proyecto migratorio inicial, basado en el trabajo como opción básica, casi como cabeza de puente, que luego será necesario aterrizar y ver como se cristaliza. Esta es la realidad de una sociedad que ya se modifica y cambia y la realidad en si ya es un reto.
La migración es un proceso dinámico que implica la visión en las dos orillas del fenómeno, desde las sociedades emisoras y en las de acogida. No se puede entender ni trabajar sin ambas y esto constituye uno de los retos de fondo. Es preciso por tanto una mirada nueva o al menos no sólo desde la perspectiva de acogida, sino de las realidades que impulsan esta salida, éxodo o itinerario. No estamos ante una foto final fija del cayuco que ha llegado o ha sido interceptado, al cual se nos tiene acostumbrados desde algunos medios, fomentando miedo, inseguridad y rechazo, sino que nuestra óptica debe apuntar en la doble hélice de integración y codesarrollo como clave de trabajo en las sociedades de origen. Desde esta doble perspectiva es desde donde estamos tratando como Caritas de adaptar el hecho migratorio y aprovechar el canal y herramienta informativa para profundizar, en la reflexión, en los mecanismos de análisis y sobre todo en la orientación en nuestra praxis. La migración es un reto porque es una oportunidad de construir conjuntamente esa sociedad nueva que antes apuntábamos que cambia.
Nuestro sistema socioeconómico y tejido productivo ha ido asimilando una cantidad creciente de mano de obra ( cualificada, llamada en origen y no cualificada) la cual ha posibilitado nuestro bienestar social. Para el propio mantenimiento es preciso un flujo permanente de mano de obra en sectores productivos como servicios, construcción, régimen agrario…, que sólo puede verse cubierto a través de acoger en este sistema a los inmigrantes. Pero por otra parte comprobamos, desde nuestra experiencia y en la atención a esta población, los niveles de vulnerabilidad y de exclusión social al que pueden llegar sino se facilita el acceso y el camino hacia su acomodación y posterior integración. Está en nuestras manos como sociedad de acogida proporcionarles en su llegada las claves que faciliten esto y no los condene a las zonas de exclusión social.
Su llegada es a un contexto en ocasiones desconocido, con escasas redes familiares o de amigos que puedan cubrir los largos procesos de acomodación. En muchas ocasiones con falta de vivienda y sin medios económicos ni red social que les permita garantizar unos mínimos niveles de subsistencia y vida autónoma. En este breve diagnostico seguimos afirmando que nuestro sistema socioeconómico y de bienestar logrado, aun con esto, es un punto focal de atracción para la migración. Por consiguiente, puesto que es un hecho y una realidad, estamos en la obligación de acoger a quienes vienen a cubrir esta necesidad. Por otro lado, estas personas tienen derecho a desarrollar su proyecto vital que no tienen garantizado en sus países de origen.
¿Cuál es el papel que deben desempeñar las ONG?.
Por estos motivos actualmente el Estado español tiene ante sí un fenómeno consolidado que trae diversas formas de llegada en clave de urgencia en ocasiones, pero que precisa de un esquema de trabajo y promoción más a largo plazo que garantice herramientas y unos mínimos que ayuden al proceso de acogida en clave de acomodación e integración. Es decir pasar de una visión reactiva , de reacción ante el suceso, a una proyectiva y propositiva. Y ante un fenómeno de esta índole, únicamente seremos capaces de darle respuesta si enfocamos esta situación con profundidad, con calma, con anticipación, con capacidad de innovación y con voluntad de análisis, revisión, reflexión y mejora. Pero sobre todo no sólo desde las ONG sino desde todos los actores sociales. Este es el reto básico de las entidades tanto de inmigrantes en asociaciones como de los diferentes actores sociales.
La integración no es sólo un rol a desarrollar por las ONG en exclusividad sino por toda la sociedad expresada y vertebrada en diferentes entidades (asociaciones vecinales, culturales, AMPAS, Sindicatos, colectivos médicos…). Al ser un hecho social total implica a la sociedad en su conjunto. Las entidades sociales deben ser por tanto promotoras y puentes , donde el protagonismo es del conjunto de actores sociales por igual.
Pero por ahora estas respuestas y este proceso parece que recaen con especial énfasis en las entidades sociales. Esto merecería un desarrollo más amplio, que aquí por extensión no es posible, donde se mezclan los procesos "terciarización" de los servicios sociales junto con tendencias a veces demasiado fáciles de cronificación y separación mediante la creación de dispositivos y ventanillas especiales, que más que acercar alejan de la normalización y de una visión de ciudadanía común.
En este panorama hay claves iniciales en el proceso de acogida sobre las cuales pivota en gran parte el trabajo de las organizaciones sociales que trabajan con migración. Desconocimiento, vulnerabilidad, precariedad laboral, situación irregular… son señas de identidad en estos inmigrantes recién llegados, añadiendo las dificultades de acceso a la vivienda (compra o alquiler) de forma asequible. En general, las oportunidades de acceder a los recursos sociales más normalizados son reducidas, lo que deja sin herramientas para una integración social.
Desde esta perspectiva lo que se debe hacer es facilitar medios y oportunidades para su integración y normalización en la sociedad española. Por ello consideramos básico ofertar desde la acogida, en muchas ocasiones casi de urgencia tras la respuesta de los medios de la administración española / central y Autonómica, pautas de conocimiento de la sociedad. Facilitar información y orientación para acceder a recursos sociales que en muchos casos se desconocen y a los que no se tiene uso en los países de origen; facilitar claves que ayuden a la convivencia cultural y sobre todo potenciar los canales de participación social. Esto implica el desarrollo de procesos formativos y de sensibilización de nuestra sociedad. Pero no desde la óptica de la migración sino desde los derechos sociales básicos como clave unificadora .
¿Cómo valoras la política de inmigración de la Unión Europea/España y qué tipo de política/s debería/n implementarse desde sus instituciones?
Hasta ahora las políticas migratorias europeas han tenido un elemento que las ha puesto en común y ha sido un eje vertebrador de control de fronteras y de espacio de seguridad común. Por tanto la mirada que ha orientado esta política ha sido el control y la seguridad, tanto en las fronteras como en el espacio interior. Esto ha supuesto el relegamiento a las políticas particulares de cada estado miembro en los temas de integración, pieza clave del puzzle. Una decidida apuesta en los procesos de integración, palabra amplia y con múltiples acepciones, podemos decir que la Comisión Europea no la ha logrado; una voz unánime no la tiene y una política consolidada en medidas aun menos. Existen puntos focales, a modo de observatorios y medidas muy locales que intentan ganar peso, pero que desde los últimos acontecimientos y procesos no va a salir muy reforzada como primera apuesta.
Hay acercamientos, hay modelos de trabajo en diferentes países, con sus luces y sus sombras. En ellos quedan las preguntas y cuestionamientos específicos sobre su acogida, llegada y posterior recorrido hasta una integración. Pero en ocasiones se ha mirado y se han elaborado estas respuestas con una lupa muy especifica como migración y no se ha tratado desde una atalaya más amplia.
La migración no trae ni aporta problemas en la vivienda o en la educación, se los encuentra, y tiene que resolverlos en ocasiones con agravantes de una situación precaria laboral o con la no tenencia de permisos, condenándolo a una economía sumergida con toda la precarización de ingresos y de posibilidades de bienestar ( infraviviendas, no acceso a sistema sanitario…). La vivienda es un bien social, un derecho amparado por nuestra constitución que viendo el panorama de especulación de encarecimiento progresivo en los últimos años, se ha convertido en un obstáculo radical para los reagrupamientos y para la normalización del proceso migratorio en clave familiar.
Lo que nos muestra la migración desde esta situación de vulnerabilidad junto con la pervivencia de otros colectivos ya cronificados en exclusión social es que nuestro sistema de bienestar no garantiza esos mínimos, y que no se oferta como un eficaz regulador del propio mercado. De ahí los sentimientos de no-pertenencia de no contar como un activo y agente social que construye en paridad con el resto. Por tanto no es extraño la segregación y la pervivencia de los "getos" que generamos entre todos y que fomenta nuestro sistema desigual, con sus estallidos en forma de conflicto social que termina por reforzar esa imagen de preocupación y problema social. Esto es clave para entender la política europea y por ende la española. Por tanto las políticas migratorias implican impulsar el sistema de bienestar social como garante, donde el inmigrante sienta este acceso y la invitación a una pertenencia y a una construcción social conjunta que hace en clave de aportaciones laborales, culturales políticas.