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¿Cuáles son los retos fundamentales que tiene España en relación a la inmigración?
Nuestro país ha experimentado, en un espacio de tiempo relativamente corto, un proceso de transformación de un país de emigrantes a un país de destino y tránsito de personas que emigran de sus países de origen. Un proceso que, como sabemos por otra parte, ya experimentaron países de nuestro entorno en décadas anteriores. Este es el análisis que se suele hacer cuando se observa el fenómeno desde una perspectiva cuantitativa. No obstante, rara vez se enlaza tal planteamiento con el proceso de desarrollo económico que, asimismo, hemos vivido de una manera también acelerada; en un período de tiempo igualmente corto nuestra economía ha vivido uno de los crecimientos más espectaculares de Europa.
Ello nos ubica más nítidamente en la órbita de los llamados países ricos. Como siempre ha sostenido Cruz Roja, la raíz de las migraciones modernas hay que hallarla en la enorme desigualdad entre países ricos y pobres. En un mundo que se pretende globalizado, las personas, en cualquier rincón del mundo, son conocedoras de los modos de vida y oportunidades de las que gozan otras personas en otros países. Cuando en origen no se encuentran modos de vida suficientes y adecuados a la dignidad de los seres humanos, o cuando las guerras y conflictos políticos impiden tal desarrollo y ponen en grave riesgo la vida, libertad o seguridad de las personas, las violaciones de derechos humanos que lamentablemente siguen vigentes en muchos lugares del mundo, entre otros motivos, son factores que impulsan estos flujos migratorios mixtos.
El gran reto de España frente a este fenómeno humano, de carácter estructural, inevitable, consiste precisamente en asumirlo como tal. En que su ciudadanía interiorice la transformación social que tal evento determina. Y ello en pos de la cohesión social pues, sea por convicción o por obligación, estas personas que se incorporan a nuestra sociedad, de muy diverso origen que poco o nada tienen que ver incluso entre ellas, deben integrarse y ser integradas mediante un auténtico sentimiento de pertenencia a una comunidad plural mediante el fomento de su participación.
Se hace preciso un despliegue explicativo más intenso desde las escuelas, pero en todo ámbito comunitario también. Que frente al temor inicial que lógicamente pueda generar esta incorporación de nuevos ciudadanos procedentes de otras culturas, que se han hecho personas en el seno de sociedades con otros valores, se pueda comprender que es un fenómeno normal, que debía producirse incluso por nuestro propio interés pues, de hecho, no ha sido posible el espectacular crecimiento económico español sin el aporte de miles de trabajadores inmigrantes. Pero hemos de ir más allá de una visión meramente utilitarista del/la inmigrante. No solo trabajan. Conviven: sus hijos en las escuelas, todos en el barrio, en los servicios públicos, en las asociaciones, etc.
El reto pasaría, asimismo, porque la población de origen extranjero que radicara en nuestro país supiese valorar y disfrutar el Estado democrático que le otorga los derechos y le exige obligaciones. Que entendiesen el significado de la conquista de los derechos fundamentales y las libertades públicas para todo individuo.
¿Cuál es el papel que deben desempeñar las ONG?
Cruz Roja Española se define como auxiliar de los poderes públicos en sus tareas humanitarias y sociales. Allí donde la acción pública no puede llegar, ese es nuestro espacio.
Nuestro mandato es atender a las personas en situación de vulnerabilidad y lo venimos haciendo desde décadas. Intervenimos en la distribución de ayuda humanitaria y sanitaria de emergencia como vemos a diario en los medios de comunicación en Canarias, pero también en otros puntos. Tenemos proyectos de primera acogida, centros, pisos, albergues para su recepción, intervención psicológica, asistencia legal y social, proyectos educativos, de empleo.
En definitiva, estamos para ayudar a superar la vulnerabilidad de estas personas allí donde la encuentren y en proporción a sus capacidades, con vistas a impedir la exclusión social y a una mayor cohesión social.
Finalmente, un valor añadido de nuestra organización es su carácter eminentemente voluntario. Todos los proyectos cuentan con espacios para el desarrollo de actividades voluntarias, solidarias y altruistas lo cual supone una implicación de la sociedad civil en las labores humanitarias y de solidaridad que llevamos a cabo.
¿Cómo valora la política de la Unión Europea y qué tipos de política/s debería/n implementarse desde sus instituciones?
Como miembro de Cruz Roja he de precisar que nuestra Institución, y de acuerdo a nuestros principios que orientan toda nuestra acción (humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad), no tiene el cometido de formular ese tipo de discurso. Nuestro objetivo es atender el padecimiento humano en el marco de nuestro ámbito y bajo el respeto al ordenamiento jurídico vigente en cada país. La neutralidad nos garantiza la confianza de todas las partes.
No obstante, dada nuestra vasta experiencia en la implementación de proyectos relacionados con la inmigración tanto de intervención social, como de salud y emergencias así como en el ámbito de la cooperación internacional en numerosos países, hemos podido extraer la conclusión de que es un asunto común a todos los países miembros de la UE. De hecho, muchos de los que acceden a España a través de Canarias o el sur de la Península no tenían la intención de permanecer en absoluto en esas zonas. En ese sentido, fueron solo la “oportunidad” de entrada pero no es el destino final.
Por otra parte, lo mismo que se producen entradas por tierra desde la UE, también hay muchos que hacen el movimiento inverso; se dirigen a otros países por identidad lingüística.
El Consejo de Tampere ya avanzó los cuatro grandes ejes de la política europea: el control de los flujos migratorios y de las fronteras, la cooperación con los países de origen, el desarrollo de una política común de asilo y el fortalecimiento del estatuto de los residentes legales.
Entendemos que los Estados son soberanos para determinar las condiciones de entrada y establecimiento y de ahí su preocupación y ocupación en los dos primeros puntos anteriores. Nosotros, como organización humanitaria, esperamos que la figura del asilo sea respetada como institución íntimamente ligada a nuestra tradición democrática y damos la bienvenida al Plan Estratégico de Integración y Ciudadanía que representa un instrumento de gran trascendencia para el fortalecimiento del estatuto de las personas que residen legalmente en nuestra sociedad. La lucha contra la inmigración irregular no debería suponer un detrimento en la vida de estos residentes. El racismo y la xenofobia no entienden de legalidades.