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Fundación Luis Vives



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Nº  5  /  ENE - ABR 2007

Revista Española del Tercer Sector

¿Bajo qué formas aparece hoy la pobreza en las sociedades europeas?

Serge PAUGAM . Director de estudios en el EHESS y Director de investigación en el CNRS ,

 

Bibliografía

Resumen

En este trabajo se analiza la naturaleza de la pobreza en los regímenes de bienestar europeo tanto desde la perspectiva cuantitativa, los umbrales monetarios de pobreza, como cualitativa. De manera particular este último enfoque recorre todo el texto. La construcción de la pobreza desde la propia institución de la asistencia social; la diferenciación entre la pobreza heredada, reproducible, y la nueva pobreza surgida como fallo abrupto o caída de las condiciones laborales y de vida de la persona así como la percepción de la pobreza por los afectados son objeto de análisis con el apoyo del PHOGHE y el Eurobarómetro. Después de referirse con algún detalle al aprendizaje de la pobreza en la infancia el artículo finaliza con una construcción tipológica de la pobreza basada en la combinación de la situación del mercado de trabajo, las formas e intensidad de las relaciones sociales y el papel del sistema de protección social.

 

 

Palabras clave

Pobreza, asistencia social, umbrales de pobreza, reproducción y percepción de la pobreza, regímenes de bienestar, cultura, integración, marginación, pobreza infantil.

INTRODUCCIÓN

La sociología de la pobreza tiene como objeto estudiar simultáneamente la pobreza como experiencia vivida por los hombres y las mujeres que se encuentran en la posición más baja de la escala social y la pobreza como un elemento del que son conscientes las sociedades modernas y que a menudo intentan combatir (Paugam, 2005). La pobreza es una cuestión que molesta porque siempre es una expresión de la desigualdad, sino inaceptable, al menos poco tolerable en una sociedad globalmente rica y democrática que busca sobre todo la igualdad real y no sólo la igualdad formal de los individuos-ciudadanos. Los pobres están condenados a tener un estatus desvalorizado ya que representan el destino al que las sociedades modernas creyeron haber escapado. Las actitudes colectivas frente a la pobreza son variadas: desolación moral de aquellos que ven en esta franja de población la expresión directa de la (Paresse), la incultura y la irresponsabilidad; mala consciencia de otros que son especialmente sensibles a la injusticia padecida por estas personas que se encuentran al límite de la supervivencia, y que permanecen en condiciones humanamente insoportables (Paugam y Selz, 2005).

La sociología de la pobreza no puede reducirse a una aproximación descriptiva y cuantitativa de los pobres. Debe poner en cuestión la noción misma de la pobreza. Para los sociólogos, el razonamiento en términos binarios que consiste en enfrentar las características de los pobres a las del resto de la sociedad, es equívoco. La definición de un umbral de la pobreza aunque esté bien elaborado y sea muy preciso, siempre será arbitraria. Si tomamos como ejemplo, el índice del 50% de los ingresos medios por unidad de consumo (600 euros al mes), en el 2001 el 6% de personas en Francia estaban en situación de pobreza, es decir, 3,6 millones; pero si se toma el índice del 60% de ingresos medios por unidad de consumo (720 euros al mes), los pobres representaban 12,4% de la población, o sea, el doble, un total 7,2 millones de personas[1]. Por tanto, basta modificar ligeramente el índice oficial que mide la pobreza para que cambie radicalmente la proporción de la población afectada. Esto demuestra que existe una fuerte concentración de hogares que se encuentran alrededor del umbral de la pobreza y que, dependiendo en donde situemos el mismo, podemos estar haciendo una diferencia radical entre un conjunto de personas que en realidad viven en condiciones probablemente similares.

Esto no quiere decir que haya que eliminar los indicadores estadísticos de la pobreza que pueden ser útiles para comparaciones entre países o regiones. Pero es primordial no cernirse exclusivamente a este enfoque. Mientras que la cuantificación de los pobres se constituye habitualmente un requisito previo a cualquier análisis, puede convertirse, para un sociólogo, en un obstáculo epistemológico en el sentido en el que puede conducir a una omisión e impide una puesta en cuestión del sentido mismo de la pobreza.

La cuestión esencial que debe preguntarse el sociólogo es simple: ¿qué provoca que un pobre que se encuentra en una sociedad determinada sea pobre y nada más que pobre? Dicho de otra manera, ¿cuál es el criterio esencial por el cual una persona se vuelve pobre a los ojos de los demás?, ¿Qué provoca que una persona sea definida prioritariamente por su pobreza?. Georg Simmel fue el primero en responder a esta cuestión de manera clara y directa a principios del siglo XX a pesar de que otros antes que él habían esbozado alguna respuesta (Simmel, 1998). Para Simmel, la asistencia pública que recibe una persona de la colectividad determina su estatus de pobre. Recibir asistencia es la seña de identidad de la condición de pobre, el criterio que establece su pertenencia social a un estrato específico de la población. Un estrato inevitablemente desvalorizado ya que se define por su dependencia del resto de la sociedad. Recibir asistencia, en este sentido, quiere decir recibir todo de los demás sin poder establecer una relación de complementariedad o reciprocidad, al menos a corto plazo. El “pobre”, receptor de ayudas especialmente dirigidas a él, debe aceptar vivir, al menos temporalmente, con la imagen negativa, que de él proyecta la sociedad y que termina por interiorizar; esta imagen se asocia con dejar de ser útil y formar parte de aquellos que en algunas ocasiones son considerados “indeseables”.

De este modo, cada sociedad define y otorga un estatus social diferente a sus pobres eligiendo ofrecerles ayuda. El tema de estudio sociológico por excelencia no es, por tanto, la pobreza, ni los pobres como tales, como realidad social, sino la relación de asistencia – y por tanto de interdependencia – entre ellos y la sociedad a la que pertenecen. Esta perspectiva analítica estudia de manera comparativa los mecanismos por los que se definen los pobres en las diferentes sociedades, y busca cuáles son las representaciones sociales que están en el origen y que las legitiman. Asimismo esta perspectiva también analiza la relación que establecen aquellos que han sido definidos como pobres, con el sistema de ayudas del cual son deudores y, de manera general, las experiencias a las que son sometidos en esas circunstancias y en otras de la vida cotidiana.

En las investigaciones sobre la pobreza, hay una cuestión a la que no se responde a pesar de que se estudie de manera frecuente. Se trata de la relación entre dos formas características de la pobreza: la pobreza que se reproduce de generación en generación como si se tratase del destino al que están condenadas las personas que la sufren y la pobreza que repentinamente afecta a personas que parecían encontrarse totalmente al margen de la misma. La primera recae sobre los individuos como una fatalidad y se transmite en su mentalidad con la convicción de que no pueden hacer nada, dado que no se vislumbra otra solución por ellos mismos y por el grupo al que pertenecen. La segunda, por el contrario, afecta a individuos que nunca anteriormente han experimentado la pobreza y que se encuentran por ello desamparados frente a las dificultades materiales y a las humillaciones inevitables que sufrirán por encontrarse ante esta nueva situación. Se trata, en otros términos, de la oposición permanente en el debate social entre la “pobreza tradicional” o “estructural” y la “nueva pobreza”. ¿Cuál de estos dos enfoques se corresponde mejor con la realidad?

Si aceptamos que en cada país existe una proporción de la población que permanece pobre de generación en generación y otra que conoce la pobreza de manera transitoria, la pobreza se identifica, preferentemente, en los países económicamente más pobres con una situación estable y reproducible, y por tanto, a un destino social (Paugam, 2005). Si nos referimos a Europa este sería el caso de los países de Sur.

Para demostrarlo, es necesario comparar la situación de Francia con la de países cercanos. El análisis puede basarse simultáneamente en datos europeos que permitan determinar las representaciones sociales de la pobreza y datos que permitan evaluar la intensidad de la pobreza en el tiempo.

REPRESENTACIONES CAMBIANTES DE UN PAÍS A OTRO

Para verificar la hipótesis de la variación de las representaciones de la pobreza de un país a otro, se puede hacer referencia a varias preguntas contenidas en cuatro eurobarómetros específicos dedicados al tema de la percepción de la pobreza: el primero en 1976, el segundo en 1989, el tercero en 1993 y finalmente el cuarto en 2001. Uno de ellos se dirigía a las personas que declararon haber visto en su barrio o pueblo personas que se encontraban en situación de pobreza extrema, de pobreza o en riesgo de caer en la pobreza. En segundo lugar, se les preguntaba si, a su parecer, estas personas siempre se habían encontrado en su situación actual, lo que podría definirse como pobreza “heredada” o, si por lo contrario, no habían estado en situación de pobreza (pobreza sufrida después de una “caída”).

La proporción de personas que vieron cerca de sus hogares personas pobres o en riesgo de pobreza varía, como era de esperar, de un país a otro: es mucho más elevada en Portugal y en Grecia. Cabe destacar que es particularmente alta en 1976, (salvo en Alemania); es globalmente más baja en 1989, aumenta en 1993, para disminuir de manera casi sistemática en 2001, fecha en la cual únicamente los Países Bajos y Portugal se apartan de esta tendencia.

El gráfico 1 permite comprobar que una proporción muy importante de la población consultada en los países del sur consideran la pobreza como una situación permanente y reproducible (en 2001, la proporción es del 53% en Grecia y en Portugal y del 46% en Italia y España).

 

Notas pie de página

1

Cf. Le rapport de l’Observatoire national de la pauvreté et de l’exclusion sociale 2003-2004, Paris, La documentation française, 2004, p. 18 y ss.