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Fundación Luis Vives



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Nº  5  /  ENE - ABR 2007

Revista Española del Tercer Sector

Familia, infancia y privación social. Estudio de las situaciones de pobreza en la infancia

Ayala, L.; Martínez, R. y Sastre, M. (2006): Familia, infancia y privación social. Estudio de las situaciones de pobreza en la infancia, Fundación FOESSA, Madrid.

El libro recoge una investigación rigurosa sobre la pobreza infantil realizada por un equipo de trabajo con gran experiencia en el análisis económico de la desigualdad y la pobreza en España y que cuenta con un amplio reconocimiento en el mundo académico.

La relativa estabilidad de los niveles de pobreza relativa en España no ha impedido la existencia de elevadas tasas de vulnerabilidad y pobreza cuando consideramos grupos específicos de población como son los niños.

Para comprender el sentido global del trabajo es preciso considerar tres aspectos: en primer lugar, el contexto general de la pobreza y la desigualdad en España desde 1990 hasta principios de la presente década; en segundo lugar, el análisis de la triple dimensión de la pobreza infantil, es decir, la pobreza monetaria, el análisis de las condiciones de vida y la dinámica de la pobreza de este colectivo; finalmente, haremos una valoración de los principales resultados de la investigación así como las acertadas recomendaciones que los autores hacen en términos de política social ya que las políticas de infancia, en su vertiente monetaria, son de baja intensidad protectora.

A. La aproximación metodológica a la pobreza y la privación infantil

Aunque existen algunos precedentes de interés en el estudio de la pobreza infantil en España, realizados en 1998 por Mercader y Cantó utilizando la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), es lo cierto que hasta la finalización de la investigación de este equipo de economistas prácticamente ha existido un vacío que, con éxito, han contribuido a superar.

No se puede analizar de manera completa  la pobreza en España sin comprender el contexto general en que tiene lugar, el de la pobreza en general en España y sus cambios recientes. El análisis de dicho contexto, como el específico de la pobreza infantil, depende en gran medida de la metodología utilizada. De este modo, adoptan decisiones justificadas como son utilizar la renta y, en concreto, la renta familiar disponible, al individuo como unidad de referencia y a las rentas del hogar como unidad de análisis y agregación. Con el fin de realizar comparaciones, adoptan distintas escalas de equivalencia y distintos umbrales de pobreza que el lector encontrará explicadas en el capítulo 2 del libro de manera accesible. Aunque los autores utilizan distintos umbrales de pobreza monetaria, el umbral de referencia es el 60% de la mediana frente al 50% de la media, siguiendo en ello al propio Eurostat. En todo caso, se calculan distintos umbrales con el fin de obtener imágenes comparadas que den cuenta de la variedad de miradas sociales y económicas que se pueden realizar en el análisis de la pobreza.

Los autores toman como fuente de análisis el Panel de Hogares de la Unión Europea (PHOGUE) entre 1994 y 2001 ya que tiene ventajas indudables en lo que se refiere a análisis comparativos entre países de la UE (si bien sólo una parte de ellos), así como la cobertura multidimensional de la pobreza. Bien es cierto que el PHOGUE no recoge adecuadamente  la población objeto de estudio (los sin techo) y ciertos errores de medida. De manera complementaria los autores utilizan la EPF, la Encuesta Continua de Presupuestos Familiares (ECPF) y la primera Encuesta de Condiciones de Vida de 2004 (ECV). Los autores señalan de manera cautelar que los estudios de pobreza en España tienen dos límites: dificultades para trazar los cambios en el tiempo debido a los cambios metodológicos en las distintas encuestas, y la asimetría entre las distintas estimaciones sobre niveles y tendencias de la pobreza y el conocimiento de sus factores determinantes.

Sobre este panorama metodológico los autores explicitan el contexto de la pobreza infantil en España y su evolución reciente. Es decir, la pobreza en España se redujo de manera importante entre los años setenta y comienzos de la década de los noventa a lo que contribuyó la extensión de las prestaciones monetarias y los servicios colectivos, es decir, la  extensión del Estado de Bienestar. Desde los años noventa la información es más errática debido a los cambios en las fuentes ya que desaparece la EPF y aparece la ECPF con rupturas en la serie histórica. Lo cierto es que, y ello es confirmado por la primera ECV, parece haberse frenado el proceso de reducción de la pobreza relativa en España en un contexto de intenso crecimiento económico a la vez que las tasas de pobreza absoluta (entre el  2% y el 3% de la población) se han enquistado. En suma, las grandes cifras de pobreza relativa no han variado entre 1990 y 2001. Se ha dado una combinación de crecimiento económico con estancamiento de los niveles de pobreza.

B. Pobreza infantil en España: pobreza monetaria, condiciones de vida y dinámica de la privación

Sin embargo, el hecho de que no hayan cambiado las grandes cifras de la pobreza no significa que determinados grupos sociales no se vean afectados de manera particular como son los niños, inmigrantes, personas mayores, jóvenes con fracaso escolar y los trabajadores con bajos salarios, por mencionar algunos de ellos.

En lo que se refiere a la pobreza monetaria, España tiene la tasa de pobreza infantil más elevada de la UE según los datos del PHOGUE. Un dato que obliga a una profunda reflexión sobre los factores que la hacen posible. En concreto, los autores analizan con detalles hechos que se suceden a lo largo de los años del PHOGUE como son que el riesgo principal de pobreza infantil es la insuficiencia de los ingresos del sustentador principal o la fluctuación de los mismos. Ello supone que uno de cada cuatro niños en España viva con rentas inferiores al umbral de pobreza. Otro factor que incrementa la pobreza infantil es el vivir en una familia numerosa o monoparental. Pero siempre es el mercado de trabajo el determinante de la pobreza: la posición que ocupa el responsable del niño y sus ingresos. Finalmente, la pobreza infantil se ve agravada por un sistema de protección social insuficiente y de baja eficacia. Como señalan los autores con acierto: las prestaciones familiares contribuyen mínimamente a las rentas de los hogares con niños y su incidencia en la lucha contra la pobreza es realmente escasa.

El análisis de la pobreza monetaria lo completan los autores con otros dos tipos de análisis que refinan los resultados y los dan una dimensión cualitativa y estructural. Por una parte, se analizan las “condiciones de vida” de los niños en situación de pobreza y de los hogares en que viven a partir del análisis de una serie de indicadores que miden las carencias en necesidades básicas, bienes semiduraderos, equipamiento de la vivienda y condiciones de habitabilidad de la misma, dificultades para llegar a final de mes y deudas financieras (el lector encontrará en la página 192 y siguientes, índices agregados de privación). De modo que en los hogares donde hay niños, en torno al 10%, no solo son pobres monetariamente sino que, además, sufren privación material, porcentaje que se eleva en el caso de los niños que viven en hogares monoparentales. Por otra parte, los autores analizan la “dinámica” de la pobreza, es decir, la persistencia en el tiempo de la experiencia de la pobreza. Los resultados de la investigación muestran como la persistencia de la pobreza es mayor en los niños que en el conjunto de la población. En concreto, más de la mitad de los niños sufren pobreza moderada al menos un año dentro de los ocho del análisis del PHOGUE. Y cerca de una quinta parte de la población infantil se encuentra en situación de pobreza extrema en algún momento del período. El retrato social de la pobreza infantil en España desde este punto de vista es contundente en términos comparados de la UE: la pobreza infantil es más extensa y de mayor duración en el tiempo. Otros resultados adicionales son igualmente importantes como, por ejemplo, el hecho de que más de dos tercios de los niños que viven en hogares con sustentadores en situación de paro permanecen en situación de pobreza cinco o más años.

C. Los perfiles de la pobreza infantil y el papel de las políticas sociales

El resultado de esta pobreza infantil, extensa e intensa, cuestiona la capacidad de nuestro sistema de protección social para luchar de manera específica contra la pobreza y la exclusión social de los niños. El papel de las prestaciones monetarias y sociales en la reducción de la desigualdad y de la pobreza es crucial en los distintos Estados de Bienestar y, de manera particular, en el caso de los niños.

España, que ha desarrollado un Estado de Bienestar de tipo medio con una capacidad extensiva importante, adolece en conjunto de una baja intensidad protectora. En lo que se refiere, en concreto, a la protección de los niños las prestaciones familiares son de muy baja intensidad protectora y los autores enfatizan en ello a lo largo del estudio. Baste señalar que, por ejemplo, mientras Dinamarca y Finlandia destinan el 12% de su gasto en protección social a las prestaciones familiares y por hijo a cargo, en los países del sur de Europa, Italia y España, no se alcanza el 5% de dicho gasto.

Cambiar el modelo de protección social a la infancia es así una conclusión que se deriva del trabajo en cuestión. Un cambio que se tiene que orientar a la mejora de la extensión protectora y una mayor intensidad para poder reducir la pobreza y su persistencia en el tiempo. Y que tiene que ir acompañada de servicios de calidad y políticas de vivienda.

En suma, el lector encontrará en este libro una aportación sustantiva al conocimiento de la pobreza infantil, tanto en el plano metodológico como aplicado, así como conclusiones relevantes en materia de política social para la infancia pobre.

Gregorio Rodríguez Cabrero

Universidad de Alcalá