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Nº  6  /  MAY - AGO 2007

Revista Española del Tercer Sector

EL PAPEL DEL TERCER SECTOR EN LA ACCIÓN SOCIAL.

Ana I. Ullán . Coordinadora de Proyectos de la Asociación Marillac ,

 

El Tercer Sector debe mantener una lucha pacífica y creativa por hacer realidad los sueños de aquellos a quienes la injusticia, la desigualdad y la marginación, han hecho que les resulte difícil soñar.

La Asociación Marillac, se constituye en marzo de 1991. Desde sus comienzos ha tratado de dar respuesta a los diferentes ámbitos de exclusión que nuestra sociedad ha ido generando. En la actualidad se desarrollan diferentes proyectos desde los que se atienden a grupos de personas en situación de riesgo, exclusión o vulnerabilidad social. Los ámbitos en los que intervenimos son: reclusos y ex reclusos, menores y familia, personas sin hogar y/o carentes de apoyos familiares, y familia monoparental. Los dispositivos desde los que atendemos son: recursos de alojamiento, talleres formativos y ocupacionales (dentro y fuera de centros penitenciarios), apoyo y asesoramiento jurídico, psicológico y social, y un centro de día para menores y sus familias. Nuestro objetivo común es lograr la reinserción social, real y efectiva, de las personas con las que trabajamos en el menor tiempo posible, situándolos en un plano de igualdad social, de forma duradera y estable a lo largo de su vida.

Resulta difícil pensar que aún se pueden incorporar a la acción social, desde cualquier sector, actividades innovadoras o pioneras, cuando las desigualdades sociales surgen y caminan de la mano del hombre desde sus orígenes, desde que es consciente de que pertenece a un grupo, se identifica con él y en él se desempeñan diferentes funciones de carácter social. Han pasado siglos y nuestra intervención sólo ha consistido en paliar las consecuencias de las limitaciones de nuestros sistemas de convivencia. Considero que seguimos teniendo un gran reto frente a nuestros ojos: establecer una dinámica creativa e innovadora que se centre no en paliar sino en prevenir, y de este modo erradicar las situaciones de injusticia que generan  desigualdad y exclusión social. La compleja realidad a la que nos enfrentamos cada día, con escasos recursos, conduce nuestra intervención hacia las consecuencias, sin permitirnos analizar y atajar a las causas.

La  formación es un pilar sobre el que ha de fundamentarse nuestra acción social. No poner precio a nuestra intervención no supone rebajar la calidad de la misma. La buena voluntad es necesaria, pero no es suficiente. Desde nuestro trabajo cotidiano, hemos de dar respuesta cada día a realidades más complejas, ya que en las personas que acuden a nuestras asociaciones cada vez confluyen mayor número de necesidades y carencias que determinan procesos de exclusión.

El Tercer Sector, al que pertenezco y con el que me identifico, debe creer en el hombre, por encima de sus limitaciones, debe reforzar su sensibilidad hacia las pequeñas causas de cada día, no debe perder nunca su capacidad de soñar con un mundo justo, ni debe perder la ilusión por conseguirlo.  

Implicarse en la maravillosa tarea de la acción social desde el Tercer Sector, requiere una dinámica previa: es necesario cargar en la mochila gran dosis de fortaleza, serenidad, aceptación, responsabilidad, ilusión, tolerancia, coherencia y respeto. Igualmente, supone un proceso de criba, ya que no se nos pueden colar elementos innecesarios y obstaculizantes como: prejuicios, estereotipos, impaciencia, protagonismos, actitudes competitivas o rivalidad. Debemos caminar junto al otro según sus posibilidades, sin presionar, sin exigir, sin manipular,… tan sólo acompañando.

No hay lugar para la duda, el Tercer Sector tiene un papel muy importante en la acción social, tanto desde la intervención, como desde la denuncia pacífica y coherente. Poner nombre a las realidades de injusticia es tarea de quienes las percibimos cada día, e igualmente es nuestra tarea sacar a la luz situaciones de marginación que habitan a la sombra de nuestras ciudades, ocultas a los ojos de quienes las miran sin ver. La denuncia suele ser gritada por unos pocos, pero las soluciones nos afectan a todos, por ello hemos de generar con nuestro trabajo coherente una sensibilidad social que genere modelos de solidaridad inclusiva y no excluyente.

Otro matiz, desde mi reflexión, cabe en la intervención de quienes trabajamos desde el Tercer Sector. Abordamos situaciones que nos presentan una lista ilimitada de necesidades, cuando nuestros recursos son cada vez más limitados o, en el mejor de los casos, se mantienen. Por ello, considero que debemos reforzar las redes que unen la interrelación entre entidades del mismo sector, abandonando los deseos de ser los primeros, los mejores, o los que obtienen mejores resultados. La suma de esfuerzos y la complementariedad de nuestros recursos duplican su valor cuando lo hacemos de forma conjunta. Y si adquirimos un gran potencial entre entidades de un mismo sector, no hemos de descartar la posibilidad de considerar que, trabajar en la misma dirección, con otros sectores, pone en marcha el gran valor de la complementariedad, rechazando las rivalidades y oposiciones que tanto desgastan, de forma innecesaria, nuestra actividad cotidiana.

Desde mi experiencia, uno descubre la apasionante, pero compleja tarea de acompañar procesos de reinserción. No siempre es fácil asumir el ritmo, las expectativas, la carga cultural y las limitaciones de las personas acompañadas; por ello quizá desde nuestros primeros pasos en el camino, debamos aceptar que no siempre recogeremos los frutos de lo sembrado, lo importante es no cansarse de sembrar.