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Las Empresas de Inserción (EI a partir de ahora) han ganado espacio social y económico de manera creciente como consecuencia de las necesidades de incorporación social y laboral de personas en situación de exclusión o de gran vulnerabilidad. Este instrumento de inserción laboral tiene como objetivo ofrecer una oportunidad laboral a personas vulnerables ante la lógica del mercado laboral y acompañarlas para su inserción progresiva en el mercado laboral ordinario. La regulación reciente de este instrumento socioeconómico en España ha dado lugar a nuevos debates y publicaciones monográficas entre las que destaca el número 59/2007 de la Revista CIRIEC.
¿Qué es una EI?. La EI es un agente económico no lucrativo pero que apuesta por desarrollar actividades rentables y viables que permitan su crecimiento, solvencia y capitalización al servicio de la integración de personas en situación de exclusión y elevada vulnerabilidad. A caballo entre el sector social y el mercado la EI es una forma específica de economía social que se mueve entre la lógica de la integración sociolaboral y la lógica de la rentabilidad. Es un instrumento ambiguo, sui géneris, que en los últimos diez años ha ganado espacio como instrumento de apoyo a las personas en situación de exclusión laboral.
En base a este punto de partida conceptual la Fundación Un Sol Món de la Caixa de Catalunya ha realizado un estudio de diagnóstico de las EI en España mediante el cual se describe su situación, se compara y contrasta la información obtenida y se valora su viabilidad social y económica. El universo del estudio han sido las EI registradas como tales o que pertenecen a alguna red de EI. Se ha aplicado una metodología cuantitativa (encuesta a la totalidad de la base de datos de EI registradas, 189, de las que han contestado 121) y cualitativa (entrevistas en profundidad a directivos y gestores). En este sentido el trabajo es ampliamente representativo y significativo.
El desarrollo del estudio se divide en las siguientes partes: análisis del concepto de EI y su contexto de desarrollo; las características generales de las EI; el análisis de su estructura laboral; análisis de indicadores económicos y financieros e impacto social. A ello el estudio añade una comparación de las EI en relación con el mercado de productos y servicios. El lector encontrará un anexo nominativo de EI y una breve bibliografía.
El contexto del desarrollo de las EI es la conjunción, a partir de la segunda mitad de los años ochenta, de la desprotección social de colectivos expulsados por el mercado laboral o con dificultad de integración en el mismo y cambios profundos en la estructura productiva con su correlato de flexibilidad y precariedad selectiva. La respuesta a la expulsión del mercado de trabajo o bloqueo a su integración no podía encontrar una respuesta efectiva única en las políticas pasivas o de prestaciones económicas sino que requería también la contribución de políticas activas (formación y formas de apoyo al empleo), es decir, la puesta en marcha de la lógica de la activación que forma parte de las recomendaciones desarrolladas por la UE en el seno del Modelo Social Europeo. Por tanto, el desarrollo de las EI forma parte de las nuevas estrategias de las políticas activas para la integración social.
Los autores del estudio definen las EI como “estructuras productivas sin ánimo de lucro, instrumentales, transitorias hacia el mercado de trabajo ordinario que trabajan con colectivos de riesgo de exclusión”. La aplicación de este concepto a las EI registradas es la base del diseño del cuestionario.
Las EI se distribuyen por todo el territorio nacional si bien casi tres cuartas partes se concentran en Cataluña, el País Vasco, Madrid y Andalucía. Se caracterizan por la diversidad de formas jurídicas si bien predomina la sociedad limitada (61%); la forma de cooperativa es adoptada por el 12% y fundaciones y asociaciones suman el 20% de las EI. Son empresas de relativa reciente creación ya que más de la mitad han sido creadas a partir de 2000 y tienden a estar agrupadas en redes de empresas de inserción (casi el 78% de las EI). Su ámbito de actividad es diverso si bien predomina el reciclaje y recuperación (50%), la construcción (30%), los servicios a empresas (22%) y el comercio (17%).
El empleo total de este tipo de empresas es de algo más de cuatro mil personas ocupadas con una media de 21 trabajadores por empresa; sin embargo, la media es engañosa ya que más del 50% de las mismas tienen menos de 10 trabajadores y con más de 21 trabajadores únicamente se encuentra el 20% de las EI. El empleo total se divide en dos colectivos: empleo de estructura (40%), relativamente estable y de apoyo al empleo de inserción (60%) que es el objetivo final de las EI . Las EI actúan en sectores muy intensivos en mano de obra y baja utilización de tecnología lo que las hace vulnerables a la competencia ya que el coste de la mano de obra viene a representar más del 60% del gasto medio.
En general, son empresas relativamente igualitarias desde la perspectiva de género ya que las mujeres constituyen casi el 46% de la plantilla de estructura y el 48% de la plantilla de inserción. Además, la población laboral inmigrante de inserción tiene un peso nada desdeñable (25% del total). La estabilidad laboral es relativamente baja tanto en la plantilla de estructura (sólo el 51% de los contratos son indefinidos mientras que por obra y servicio son el 35% y temporales el resto) como en la plantilla de inserción (sólo el 14% de los contratos son indefinidos mientras que los de obra y servicio suman el 43% y los de tipo temporal el 34% siendo el resto contratos de prácticas, inserción y sustitución). Ello es expresión de su debilidad financiera y de su dependencia de convenios puntuales, no de largo plazo, con la Administración Pública. En este tipo de empresas los voluntarios tienen presencia en más del 45% de las mismas.
Desde el punto de vista económico su desarrollo reciente y su propia configuración actual hace que las EI sean vulnerables en cuanto a capitalización y, por tanto, financieramente inestables. En la actualidad, para los años 2004 al 2006, el gasto de las EI es superior a la facturación por lo que éstas necesitan de ayudas o fuentes de ingresos adicionales. De hecho, su solvencia es inferior a la unidad (0,884). Gracias a las ayudas privadas y públicas logran un cierto nivel de solvencia lo que nos proporciona una idea de la vulnerabilidad actual de este instrumento económico. En consecuencia, sólo han logrado beneficios en 2006 casi el 59% de las EI siendo el principal destino de los mismos la creación de puestos de trabajo (44%) y el incremento de activos (30%).
Las EI trabajan para una amplia diversidad de empresas y agentes económicos estando a la cabeza la empresa privada (36%) seguida por la Administración Pública (30%) y las empresas del Tercer Sector (25%). Es de interés resaltar dos aspectos del análisis: en primer lugar el peso importante que tiene la Administración Local en el conjunto de la Administración (62%) y la elevada valoración social del producto por los compradores según las propias EI.
En este contexto de actividad las EI consideran que la tendencia es a crecer o, al menos, mantenerse. Los gerentes están dando importancia a la especialización así como a la aplicación de nuevas estrategias organizativas para elevar la productividad.
El análisis del impacto social de las EI es objeto de un análisis detallado desde dos perspectivas: desde el punto de vista del éxito en la inserción laboral y desde la perspectiva del sobrecoste que implica dicha actividad de inserción laboral.
Desde la lógica de la inserción cabe destacar tres tipos de empresas: las de tipo transitorio, las finalistas y las mixtas. Lo que predomina es la empresa transitoria, es decir, aquella que dirige la inserción laboral hacia el mercado ordinario medida en este caso como aquella en la que el tiempo medio de permanencia en la EI se sitúa entre los 6 meses y un máximo de 2 años. Por el contrario, las de tipo finalista, inserción laboral en la propia empresa, es residual (8%), siendo el resto empresas mixtas (37%) que combinan las dos estrategias de inserción hacia dentro y hacia fuera según la dificultad de inserción laboral. Ello, obviamente, depende de la tipología de los colectivos y de los casos concretos. En este sentido hay que recordar que los colectivos mayoritarios son mujeres en riesgo de exclusión, inmigrantes o refugiados, mayores de 45 años en paro y jóvenes y adolescentes en riesgo de exclusión aunque las personas sin hogar tienen un gran peso así como aquellas que sufren problemas de salud mental.
Existen otros indicadores de impacto que el estudio analiza como son: las personas que pasan de la plantilla de inserción a la plantilla de estructura (casi el 20% del primer grupo); la inserción en el mercado ordinario que beneficia al 50% del total o el paso a una actividad similar a la realizada en la EI (18%). En cuanto a déficit del proceso de inserción se destaca el regreso a la EI que es bastante bajo (el 17% de las EI han tenido algún trabajador que ha regresado) o la baja tasa de abandono del proceso, si bien casi un tercio abandonan por haber encontrado un puesto de trabajo en el mercado ordinario.
Desde la óptica del sobrecoste del proceso de inserción el estudio destaca indicadores como los siguientes: es necesario un insertor o tutor por cada 13 trabajadores lo que viene a suponer el 3,25% del gasto total o el 5% del gasto de personal. Por otra parte, la tasa de absentismo es similar a la empresa ordinaria en casi el 47% de las EI, el doble que en la empresa ordinaria en el 29% de los casos y muy elevada (más del 10% de absentismo) en el 27% de las EI. Un absentismo que se explica por la situación multiproblemática de tipo social y sanitario de muchos trabajadores y que se considera un coste relativamente inevitable.
El estudio finaliza comparando una batería de indicadores económicos de las PYME lucrativas del año 2005 (73.390) en base a la información de la Central de Balances del Banco de España con los de las EI en el año 2006 (189). Una comparación de interés pero quizás discutible ya que se trata de instrumentos económicos que solamente comparten una serie de aspectos, pero no todos. En todo caso se constatan hechos como los siguientes: una media de trabajadores superior en las EI (21) que en el conjunto de las PYMES (6); estas últimas doblan en facturación a las EI, si bien estamos ante el proceso de expansión de esta última modalidad; las empresas lucrativas doblan el presupuesto de gastos aunque la tasa de crecimiento es casi tres veces superior en las EI; la solvencia de las PYMES es superior a la unidad, lo que no ocurre en las EI del mismo modo que casi el 83% de las PYMES logran beneficios mientras que en las EI sólo lo logran el 59% del total; la productividad en las EI es cuatro veces inferior a la media de las PYMES lo que en buena medida se explica por el tipo de trabajadores y la función que desarrollan; finalmente, el porcentaje de fondos propios sobre la facturación apenas si llega al 10% en las EI mientras que alcanza al 44% de las PYMES, si bien la situación está mejorando como lo demuestra una tasa de crecimiento cuatro veces superior en las EI en comparación con las empresas lucrativas. Datos todos ellos, insistimos, que permiten una comparación matizable dada la juventud de las EI y su singular naturaleza social y laboral.
En suma, el lector de este estudio cuenta con un mapa social de situación de las EI bastante actualizado que pone de manifiesto su potencialidad indudable como instrumento de inserción así como las dificultades económicas que afrontan para consolidarse como empresa solidaria eficaz y eficiente.