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Fundación Luis Vives



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N.  8  /  ENE - ABR 2008

Revista Española del Tercer Sector

Aliena, R. (2007): Las esferas de la calidad. El mundo voluntario, la acción social y la búsqueda de sistema , Cáritas Española Editorial y Fundación FOESSA, Madrid.

El profesor Rafael Aliena, en Las esferas de la calidad, nos ofrece una oportuna indagación  sobre la conveniencia de aplicar al Tercer Sector de objeto social los métodos y técnicas relativos a la calidad. La cuestión pudiera parecer superflua, supuesto que  tales recursos están siendo aceptados internacionalmente por muchas e importantes organizaciones. Pero debe repararse, primero, en que tales métodos se han generado y desarrollado muy principalmente en el mundo de la empresa mercantil y que, aun cuando están siendo adoptados por algunas entidades públicas y del tercer sector, su espacio básico de desarrollo sigue siendo aquel. En segundo lugar, y en relación con esto, la aceptación acrítica de los sistemas de gestión para en el tercer sector implicaría aceptar que las entidades del mismo no tienen  características y exigencias peculiares que puedan hacer inviables, inconvenientes o insuficientes, según los casos –recuérdese la enorme diversidad interna del tercer sector-,  dichos recursos de mejora. Y ocurre, por lo demás, que el tercer sector, por encima de su diversidad interna, no sólo manifiesta, sino que hace ostentación frecuentemente de sus diferencias respecto a los otros.

Rafael Aliena ha llevado a cabo su investigación mediante fuentes secundarias internacionales y entrevistas a gestores españoles de “Organizaciones no Gubernamentales de Acción Social”, según la denominación adoptada en España por la Plataforma que agrupa a las principales de ellas. Mediante la reseña de documentación y de bibliografía sobre calidad, el autor ofrece un análisis valioso del movimiento internacional de racionalización técnica de la actividad económica, en cuyo seno surgen las técnicas y los métodos de la calidad. Este componente del libro justificaría por sí sólo su publicación y su lectura para los interesados en cuestiones de gestión. Pero en la obra de Aliena esa aportación juega como referencia instrumental de la exploración relativa al asunto objeto específico de la misma. El autor la lleva a cabo y/o nos la presenta mediante el tradicional y muy didáctico procedimiento del diálogo entre dos partes antagónicas, en este caso consistentes, no en interlocutores personales individuales, sino colectivos: el “partido de la calidad” y el “partido de la reticencia” (a la aplicación de la metodología de la misma en el ámbito susodicho). Aliena construye el debate a partir de las posiciones que registra en sus fuentes. En esta clase de diálogos es clave la función selectiva de las manifestaciones, así como la ordenación de las mismas,  lo que Aliena lleva a cabo de manera plausible. Aparte de este papel, participa discretamente en el debate y lo hace de modo interactivo, de modo que el libro es también el testimonio de su evolución desde el escepticismo intuitivo hacia el eclecticismo razonado. Como en cualquier relato de intriga, lo interesante es el proceso y no resulta oportuno reducirlo a su resultado. Remito, pues, al libro.

La lectura del libro de Aliena ha tenido la virtud de precipitar –en el sentido químico del término- algunas ideas que vagaban por mi mente desde hace tiempo. Como quiera que me siento impulsado a alumbrarlas, pudiera ocurrir que, queriendo hablar del libro, venga a hacerlo de los impactos que en mí ha producido. Esta es una razón más por la que deseo que quien esto lea no deje de leer enseguida la obra que lo inspira. Dicho lo cual, paso a dar cuenta del punto principal que, según mi interpretación, plantea el libro.

Si las llamadas organizaciones no gubernamentales de acción social fueran sólo entidades análogas a las empresas que constituyen la referencia de la metodología de la calidad, habría que aceptar, por principio, que su aplicación a las mismas ha de rendir frutos parejos a los que ya rinde en su ámbito de origen. Pero ocurre que al menos una parte de tales entidades tienen y, en mi opinión, están llamadas a tener rasgos de instituciones sociales que desbordan aquella condición. Y los métodos de calidad al uso no han sido diseñados en función de tales dimensiones. Esta limitación, por cierto, se planteó ya en relación a las primeras aportaciones de la racionalización técnica del trabajo. Sirva como muestra humorística un viejo texto anónimo titulado “Música racionalizada”, en el que un supuesto ingeniero de métodos ofrecía medidas para mejorar las composiciones y la ejecución de la música sinfónica. He aquí dos de sus diagnósticos y recomendaciones, concernientes a determinado concierto: “Los doce violines tocan siempre las mismas notas, lo cual constituye una reiteración innecesaria. La plantilla de esta sección de la orquesta debe reducirse de una manera drástica, ya que si lo que se desea es producir un mayor volumen de sonido, es más fácil y más económico el conseguirlo por medio de un amplificador electrónico”. “Apreciamos igualmente excesivas repeticiones de idénticos motivos musicales, cosa que debe eliminarse totalmente, ya que nada útil se consigue repitiendo las trompas los mismos pasajes que ya han sido tocados anteriormente por las cuerdas.”  Por otra parte, me parece del caso decir que, en mi participación y/o colaboración en diversas iniciativas de racionalización, no estoy viendo que las entidades especializadas en esta función vinculen su propio modo de actuar a la metodología de la calidad. Y no aduzco esta apreciación para denunciar prácticas incoherentes, sino por si fuera indicio de que las entidades aludidas entendieran –o intuyeran- que esa metodología no es aplicable a cualquier clase de actividades.

El tercer sector de objeto social cuenta con importantes entidades que producen y distribuyen bienes y, sobre todo, servicios de modo aparentemente análogo a las empresas mercantiles. Si miramos este bloque con las gafas propias de la tradicional organización y administración de empresas, es seguro que encontraremos posibilidades importantes de aplicar los recursos de gestión racional de aquellas. Y buena falta hace, por cierto, que así se haga. Ello se ve favorecido por la creciente incorporación de la ideología y las técnicas de las escuelas de negocios al tercer sector de objeto social. Y también debe de ser factor que favorece ese proceder la creciente cesión  –dejación, en ocasiones- de la responsabilidad directiva de los titulares de las entidades del tercer sector (integrantes de asociaciones, patronos de fundaciones, responsables de entidades matrices, etc.) mediante delegación, expresa o tácita, en los gerentes profesionales y administradores.

El mundo de las entidades de objeto social del tercer sector está experimentando una fuerte tensión entre: por una parte, la condición de organizaciones productoras de bienes (restauración de muebles viejos, viverismo, envasados, etc.) y servicios (sanitarios, educacionales, de ayuda personal, etc.); y, por otra, la dimensión de cauce por el que se expresan virtudes humanas (reconocimiento de la dignidad de la persona –y, en especial, de quienes sufren  violencia, injusticias, marginación, etc.-,  disponibilidad gratuita, participación efectiva y afectiva, etc.) y cívicas (compromiso público voluntario, ilustración pública, abogacía social y contrapoder político, etc.). Presumiblemente, como ya dije, la metodología de la calidad le resultará conveniente a aquel lado económico del tercer sector de objeto social. En cambio, parece problemático que los recursos disponibles en la disciplina referida sean capaces de abarcar esta faceta socio-institucional, que a mi parecer es el ingrediente esencial de las más estimables expresiones del ámbito al que se refiere la obra de Aliena -como de otras secciones del tercer sector, por cierto-.

Demetrio Casado   

Diplomado en Psicología Industrial

 

Revista Española del Tercer Sector. Editada por Fundación Luis Vives. ISSN Versión digital:1886/0419. La Revista Española del Tercer Sector ha sido incluida en el catálogo del sistema de información LATINDEX y en el ISOC del CSIC.