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Fundación Luis Vives



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N.  8  /  ENE - ABR 2008

Revista Española del Tercer Sector

Vidal, P.; Villa, A.; Sureda, M.; Simon, C. y Hernando, A. (2007): Buenas prácticas en la gestión del voluntariado. Fundación la Caixa, Barcelona.

La Obra Social de la Caixa nos proporciona un libro riguroso que es a la vez una guía de gran utilidad para la intervención social. El libro está dirigido a los responsables y gestores de entidades que cuentan con voluntarios/as de manera relativamente permanente. La idea básica del estudio es proporcionar un catálogo de buenas prácticas de las propias entidades de voluntariado de forma que éstas den su voz a lo que los autores del estudio (del Observatorio del Tercer Sector) denominan con propiedad como análisis del “ciclo de gestión del voluntariado”; un ciclo que discurre desde el momento de la entrada del voluntario en la organización hasta su salida que, en el modelo de gestión, se pretende no rompa el vínculo creado entre voluntario y organización.

Para los autores el “ciclo de gestión del voluntariado” es un marco teórico que permite una aproximación gráfica y esquemática al funcionamiento del voluntariado en cuanto ciclo que se renueva de manera permanente mediante el capital social acumulado por las buenas prácticas.

Para la selección de las buenas prácticas se sigue precisamente el guión del ciclo a través de seis fases teóricas: preparación, definición, incorporación, desarrollo, reconocimiento y desvinculación, además de la consideración  de aspectos transversales como son la relación entre voluntarios y profesionales y la identificación de los voluntarios con los valores y la misión de la entidad en la que participan.

Los capítulos 1 y 2 son de obligada lectura ya que en ellos se define el marco teórico del ciclo de gestión del voluntariado (capítulo 1) y se seleccionan una serie de buenas prácticas representativas (capítulo 2), aunque sobre todo son significativas, que van a ser objeto de análisis en los capítulos 3 al 9, a lo que se añaden el capítulo 10 (prácticas innovadoras) y el capítulo final en el que se ofrece una síntesis del valor añadido por las diferentes buenas prácticas. El trabajo concluye con un anexo metodológico y una bibliografía.

En relación con el capítulo primero, el marco teórico, los autores del Observatorio del Tercer Sector señalan que su objetivo consiste en poner de manifiesto la importancia de la gestión con calidad del voluntariado desde una perspectiva integral que de cuenta del contexto organizativo en el que se integra un voluntario, su función, el proceso de incorporación , el desarrollo de la responsabilidad del voluntario, su reconocimiento como valor añadido personal y no instrumental y el proceso de desvinculación (no ruptura) satisfactorio del voluntario. En cada una de dichas fases los autores definen las actividades fundamentales que debe captar la persona voluntaria o deben ser tenidas en cuenta por la organización. Así, y como ejemplo, hay dos actividades que corresponden íntegramente a la organización como son la fase de preparación y la de definición. En la primera, fase de preparación, se considera crucial la existencia de la figura del coordinador o gestor del voluntariado que fija objetivos, planifica, organiza, comunica, motiva, y evalúa. A su vez, en la fase de definición, son importantes la definición de los perfiles de la persona voluntaria, la captación del voluntariado y el proceso de selección y asignación de tareas. A veces el perfil de la organización no se adecua al voluntario y viceversa.

En el  resto de las fases la organización y voluntario están en conexión permanente. Así, en la fase de incorporación el compromiso del voluntario (mediante carta o documento) y la programación de la acogida (formal e informal), constituyen actividades básicas.  La fase central u operativa es la fase de desarrollo que requiere la asignación del voluntario a actividades concretas, formación permanente, un sistema de comunicación, la participación del voluntario en los órganos de gobierno y el seguimiento y acompañamiento durante la actividad voluntaria. La actividad del voluntariado debe ser reconocida de manera formal (cartas, certificados, etc) e informal (en el día a día), aunque se trata de un tiempo gratuito de colaboración ya que de este modo se fideliza a la persona voluntaria. Con la gestión de la salida o desvinculación finalizaría el proceso o ciclo de gestión cuyo objetivo es evitar la desvinculación completa del voluntario respecto de la entidad en que ha colaborado.

El proceso de selección de buenas prácticas, señalan los autores de la guía, no ha tenido como objetivo seleccionar las “mejores” prácticas sino ofrecer “ejemplos de una gestión global del voluntariado”. Para ello han considerado dos tipos de criterios: criterios de selección y criterios de representatividad. En cuanto a los “criterios de selección” se han utilizado doce criterios como son los del carácter sistemático de las acciones, la actitud pro-activa, la originalidad e innovación, el impacto o éxito de sus resultados, la coherencia entre la visión del voluntariado y su gestión, la eficiencia, las que son un referente en su sentido más amplio,  las que contemplan una visión de ciclo completo de gestión, la propia importancia del voluntariado en la entidad, su aplicabilidad en otras entidades, que no sean sólo diseños teóricos sino prácticas en uso y, finalmente, que se trate de ideas compartidas por el conjunto de los agentes de una entidad voluntaria. Por lo que se refiere a los “criterios de representatividad” se han considerado los siguientes: la localización geográfica, le diversidad de sectores, el tamaño de las entidades y las diferentes etapas del ciclo.

Como consecuencia de la utilización de ambos criterios se han estudiado 28 buenas prácticas (se incluyen casos de las fases, casos de buenas prácticas transversales y de prácticas innovadoras), cuya información y análisis ha requerido de 102 entrevistas presenciales  semiestructuradas, tal como se puede ver en los anexos del trabajo, precedido de la información por parte de 27 entrevistas a prescriptores (plataformas, coordinadoras, Administración, oficinas de voluntariado y expertos).

Cada fase del ciclo de gestión del voluntariado ha sido objeto de análisis mediante buenas prácticas por parte de organizaciones voluntarias concretas siguiendo un esquema común pedagógico pero también lógico. Así, cada buena práctica o caso, empieza por responder a la pregunta de  por qué es relevante  la práctica, a continuación se detalla la experiencia apoyada en figuras así como los cambios que ha requerido en la organización y en la propia gestión del voluntariado y, finalmente, se detalla el valor añadido de la misma o lo que realmente se puede aprender completado todo ello con una especie de ficha de información de la entidad protagonista. El apoyo de gráficos y texto literales de las entrevistas dan una dimensión cualitativa al caso de gran utilidad para el lector y sobre todo para el directivo o gestor social de cualquier entidad.

Todos los casos de buenas prácticas analizados son relevantes pero pueden ser de especial utilidad al lector, si en ello no sesgamos en exceso la lectura, aquellas buenas prácticas que tienen que ver con los aspectos más complejos de la gestión del voluntariado desde el punto de vista del voluntario/a como son las buenas prácticas de participación en la entidad, las de reconocimiento de la actividad y las de la relación entre profesionales y voluntarios, tal como el propio informe o guía pone de manifiesto.

En lo tocante al primero, las buenas prácticas de participación, los autores consideran tres casos relacionados con el compromiso, con el desarrollo potencial del voluntariado y con la participación en los órganos de gobierno en la organización. En cuanto al reconocimiento de la actividad voluntaria se destacan dos prácticas: sobre reconocimiento formal y reconocimiento público. Por último, la relación entre profesionales y voluntarios/as (tema transversal) es objeto de dos buenas prácticas que destacan la importancia de la persona voluntaria en la organización y la creación de espacios de encuentro entre personal remunerado, voluntariado y Junta Directiva.

Destacar por su importancia las dos buenas prácticas innovadoras: participación del voluntariado en comunidades de aprendizaje y  la gestión del voluntariado virtual.

Entre los factores comunes del valor de las buenas prácticas hay que señalar que ofrecen una visión global del ciclo de gestión del voluntariado, la replicabilidad de las buenas prácticas y la participación del voluntariado en la misión. El tamaño pequeño y el ámbito local son a veces cruciales en la creación de valor añadido. Se consideran mejorables los aspectos referentes al seguimiento y evaluación del voluntariado, la importancia del entorno cambiante, la necesidad de adaptar el ciclo  a la creciente diversidad del voluntariado y de aprovechar el conocimiento que proporcionan las buenas prácticas para multiplicar su valor social.

En suma, el lector dispone con este estudio sobre Buenas Prácticas en la Gestión del Voluntariado de una guía en la que la combinación de teoría y práctica multiplican el valor del estudio realizado y que, sin duda, serán de utilidad para todos los agentes implicados en el voluntariado así como para los expertos.

 

Mª Asunción Sáez.

 

Revista Española del Tercer Sector. Editada por Fundación Luis Vives. ISSN Versión digital:1886/0419. La Revista Española del Tercer Sector ha sido incluida en el catálogo del sistema de información LATINDEX y en el ISOC del CSIC.