La
exclusión social no sólo deprime el patrimonio, las rentas y el empleo de las personas
sino que deteriora y empobrece sus vínculos e identidades familiares y relacionales, por lo que, al privarles de su principal fuente de compensación, el elemento afectivo y de apoyo, no sólo
disminuyen las herramientas para defenderse de la pobreza y la exclusión social
sino que se pone en riesgo gran parte del sistema de intervención social, ya que muchas de las herramientas de acción necesitan de las comunidades para
poder cuajar en procesos de empoderamiento.
Deterioro de los lazos y las identidades
Los barrios medios y elevados doblan en asociacionismo activo a los
barrios obreros, cascos viejos deteriorados y zonas rurales o diseminadas. A
excepción del asociacionismo religioso suburbial y una aislada
actividad vecinal y de mayores en zonas rurales, la característica de estas
zonas es la carencia y los mínimos asociativos. Entre los barrios pobres, los
barrios de tradición obrera que han sido deteriorados aparecen como el bastión
del asociacionismo entre las zonas empobrecidas. Pero incluso en esos casos,
esa tradición obrera que llevó décadas atrás a establecer toda una red de
instituciones populares, el factor obrero no es suficiente para garantizar la
continuidad del activismo asociativo y así lo demuestra que en los barrios
obreros que están en buen estado no resalte ninguna tasa especialmente alta.
Además, la
resistencia colectiva que históricamente caracterizaba a muchas comunidades
empobrecidas, sucede ahora en un contexto en el que el individualismo y la
precariedad han debilitado las instituciones populares, los mundos primarios,
las vecindades y han alienado la sabiduría popular. La violencia sobre las
estructuras populares de solidaridad y sentido ha alcanzado tal presión que las
personas y grupos han refractado esa violencia social sobre sus propias
comunidades, grupos y, con no poca frecuencia, contra sí mismos.
Por otro lado, cuando tienen problemas económicos, los pobres abandonan sus relaciones
habituales ocho veces más que el resto de la población, lo que también les lleva a decaer su relación con parientes con los que no viven y a tener peores relaciones dentro del hogar.
Cómo lograr la inclusión social
Para lograr la inclusión social deben converger dos
grandes objetivos:
procesos de movilidad social ascendente o compensada, a través del empoderamiento de las personas en exclusión social, y procesos de
reconciliación social que construyan demócráticamente una sociedad justa en la que no se de la alienación de uno en favor de otro.
En ambos objetivos,
el papel de los vínculos y el valor es crucial. Sin ellos, la sociedad no logra
un desarrollo sostenible porque la exclusión acaba amenazando a grandes capas
de población y corroyendo la moral pública necesaria para crear proyectos
suficientemente legítimos, productivos, demócratas y compartidos.
Condiciones necesarias- Una cultura pública inclusiva
Es imprescindible
una nueva arquitectura de la inclusión que implique un nuevo liderazgo público con mayor formación de los cuadros políticos, más centralidad de la inclusión en
el programa político, mayor debate y creación de una cultura pública
consensuada, así como una mayor coordinación, transversalidad e integración de los
servicios en clave de participación y concertación, alianzas estratégicas con
todas las agencias sociales: empresa, medios de comunicación, organizaciones
ciudadanas...; fomentar el diálogo civil y mayor participación de las
personas en exclusión y sus comunidades.
La
participación política, social, cultural... de los excluidos afecta a todos los niveles a la vez:
capitaliza a los individuos que sufren la exclusión, moviliza y refuerza a los
grupos –por ejemplo, a los grupos étnicos-, afecta a las organizaciones y
administraciones de proximidad porque se dirigirán a ellas parte de las
demandas o compartirán dichas demandas hacia terceros y, finalmente, implica a
toda la sociedad.
Ejes a debatir
- ¿Desde el conocimiento de los enclaves
y perfiles locales de exclusión, en qué grado la exclusión está afectando al
mundo relacional, al tejido institucional popular y a las identidades y
aptitudes de las personas?
- ¿En qué medida la violencia familiar,
institucional y barrial en ámbitos excluidos destruye los vínculos y los
valores y extiende contravalores y grupos empobrecedores?
- ¿Hasta qué punto la eficacia de
nuestra intervención depende de que el sujeto cuente con vínculos, esté
orientado a un proyecto vital, tenga conciencia de los contextos y disponga de
las aptitudes adecuadas?
- ¿Hay suficientes proyectos y esfuerzos
empeñados en generar desarrollo comunitario y fortalecer los capitales sociales
y simbólicos de las personas y comunidades, como para que el modelo general de
intervención social sea eficaz?
- ¿La praxis concreta de intervención
social de los profesionales e instituciones crea y fortalece vínculos de las
personas, los empobrece o sencillamente no afecta a los mismos?
- ¿Son una
oportunidad perdida para crear relación y sentido-?
- ¿Y habría alguna forma distinta de
praxis de intervención social que pudiera cumplir sus fines multiplicando
además el capital social de las personas y sus comunidades?
- Teniendo en cuenta que la reproducción
de la exclusión social se vehicula a través de las familias y muy especialmente
mediante sus pautas de relación y los marcos de sentido que transmite,
¿contamos con métodos suficientemente eficaces para romper esa tendencia
intergeneracional de reproducción de la pobreza y la exclusión?
- ¿En la intervención social y
suministro de recursos a los territorios y colectivos excluidos, se podrían
hacer las cosas de modo que se favoreciera la autoorganización y el
fortalecimiento del tejido organizativo de los mismos?
- ¿Hasta qué punto la aplicación de las
cláusulas sociales que priorizan la presencia de organizaciones, empresas
sociales o cooperativas locales en detrimento de las empresas lucrativas
beneficiarían la creación de tejido institucional en los barrios o enclaves de
exclusión?
- ¿Nuestro modelo de intervención social
crea reconciliación social?
- ¿Fomentamos la participación de los excluidos en
los proyectos y organizaciones de intervención social?