Solidarity and efficiency, together better
La actual crisis en nuestro país contribuye a incrementar la incertidumbre y la mayor vulnerabilidad de las personas. Las estructuras familiares, la gestión política, las condiciones económicas del individuo son mucho menos sólidas que en el pasado y están generando una mayor precaución a la hora de asumir riesgos.
La serie de acontecimientos transnacionales que ha provocado una crisis financiera internacional, se ha visto agravada en nuestro país por la consiguiente crisis bancaria e inmobiliaria. Como consecuencia, esta triple crisis ha incitado la caída del consumo, de concesión de préstamos, de la producción y del empleo, a la vez que ha generado un aumento del ahorro.
Las respuestas políticas a esta situación de crisis han sido las clásicas, pero es aconsejable su revisión y probablemente una apuesta hacia respuestas más innovadoras.
Esta situación ha tenido un efecto claro en las cifras del paro, que se caracteriza por estar afectando a las personas que son el soporte de los ingresos de la unidad familiar y por la importancia de la cohesión social como solución al propio desempleo.
Por otra parte, no es evidente que estemos ante nuevas formas de exclusión. El endeudamiento y la pérdida de vivienda no lo son, ni tampoco aparecen formas absolutamente nuevas en el horizonte. Más bien lo que parece detectarse es un incremento de algunas de las formas ya existentes.
La reflexión que surge de esta constatación es que esta crisis necesita de reformas estructurales que van más allá de la capacidad del propio individuo para superarla.
Ante esta coyuntura de recesión económica surgen percepciones heterogéneas y que generan reflexiones en diferentes sentidos.
La pérdida de empleos está agravada en muchos casos por la existencia de préstamos contraídos y ha dificultado muchos procesos personales de inclusión social.
La crisis ha generado una falta de liquidez que ha obligado a muchas pymes y autónomos a cerrar sus negocios, o al menos, a ser más cautos en su posicionamiento en el mercado.
Entidades como Caritas y la EAPN, coinciden en indicar en cualquier caso que la situación de exclusión actual responde a un sistema estructural, no a una coyuntura económica.
La deflación de precios ha sido percibida como positiva por las personas con rentas más bajas, puesto que ven aumentada su capacidad adquisitiva.
Surge también la reflexión sobre si la crisis tendrá su efecto sobre el gasto y la eficiencia en la gestión, tanto en el ámbito privado como en el público, imponiendo un cambio de paradigma en muchas de las dimensiones de nuestra cotidianeidad. Este cambio de modelo apuntaría hacia una reivindicación de la austeridad y la prudencia como criterio en el juego del mercado y de la política como mecanismos de toma de decisiones.
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