Solidarity and efficiency, together better

You are not logged in:LoginRegister

Transparencia y rendición de cuentas [editar]

4. El crecimiento y la influencia política y económica de las ONL [editar]

Las organizaciones no lucrativas con funciones humanitarias y de acción social contribuyen de forma importante a la construcción de la democracia, cohesión social y, en definitiva al bienestar del país. Una revisión de sus funciones nos conduce a señalar que dichas organizaciones son:

Agentes de abogacía, trabajando para incidir en las políticas y/o condiciones sociales, con campañas de sensibilización, participación en organismos públicos, etc.

Agentes de participación porque se presume que son útiles para detectar las necesidades sociales aunque no solo para detectarlas sino, también para atenderlas.

Agentes de intervención social, que operan como entidades colaboradoras de las políticas de servicios sociales, y de fomento del empleo y formación.

Agentes de innovación, atendiendo problemas emergentes, incorporando formas participativas con las personas afectadas, utilizando recursos transversales y la colaboración de redes asociativas.

Fomentadoras de liderazgo, animando el pluralismo y la diversidad en la sociedad. Su función es la concienciación de los valores democráticos que las convierte de facto en escuelas de la democracia.

Impulsoras del desarrollo comunitario, entendido como un proceso de integración social, desarrollando estructuras de mediación entre la esfera privada y la pública, sirviendo de canal de comunicación entre ambas.

Una de las causas por las que se reclama mayor transparencia a las organizaciones no lucrativas es, por una parte, por su contribución a la generación del capital social y, por otra, por su contribución económica a la riqueza del país. A su vez, el crecimiento económico ha ido acompañado del crecimiento “político”. A medida que las ONL fueron aumentando en tamaño económico, también se hicieron fuertes en las acciones “políticas” desarrollando actividades de defensa, protesta y reivindicación, con la intención de generar respuestas políticas específicas que facilitasen una mejora en el bienestar de los ciudadanos. Se convirtieron en “grupos de presión” influenciando las decisiones políticas de los Gobiernos, de las organizaciones intergubernamentales y de las empresas (Keck[1] y Bendell[2]).

La contribución de las ONL en la generación del capital social

Uno de los activos más importantes de las ONL es la generación del capital social entendiéndolo como la interrelación de individuos de una comunidad que desarrollan iniciativas y proyectos comunes. La relación entre sujetos se fundamenta en el nivel de confianza entre ellos, lo cual posibilita sumar esfuerzos individuales dando lugar a resultados colectivos que tienen una fuerza muy superior a la que tendría la suma de proyectos realizados individualmente.

Organizaciones como el Banco Mundial subrayan la repercusión que tiene el capital social en el desarrollo económico de un país. Las ONL contribuyen a la cohesión social, lo cual es un elemento clave para que las sociedades prosperen económicamente y para que el desarrollo sea sostenible. Algunos autores (Coleman y Bourdieu)[3] intuyen que hay una relación directa entre la existencia de organizaciones altruistas y un mayor nivel de democracia y riqueza de un país. Putnam en su libro Bowling alone[4] alerta a la sociedad americana de la tendencia hacia una disminución del capital social, uno de los elementos más preciados de su sociedad. La falta de confianza entre los miembros de una comunidad puede repercutir en que se queden sin satisfacer necesidades individuales, lo cual suele afectar más directamente a las personas más necesitadas. Ello puede tener consecuencias en la disminución del bienestar social y, a su vez, en la generación de riqueza.

Entre las diferentes formas de organizarse hay una clara división entre las organizaciones informales y las organizaciones formales; en las primeras, la unión entre los individuos se fundamenta en la confianza mutua y no hay normas escritas (al menos registradas públicamente) mientras que, en las segundas, se da un mayor formalismo al existir unos estatutos que regulan las normas básicas de funcionamiento de la organización y se inscriben en un Registro público. No hay una relación unívoca entre una organización formal y una mayor influencia pública ya que, tal como dice Casado[5], se dan casos de organizaciones informales que tienen una gran poder en la esfera pública y política; así, los movimientos en pro de la paz, los derechos humanos, la conservación de la naturaleza y la ayuda al Tercer mundo son expresivos del potencial y capacidad de sensibilidad de los últimos años. Un ejemplo aun más reciente, es el movimiento de protesta que se generó espontáneamente en los atentados, en Madrid, del 11M del 2004.

Sin embargo, a medida que las asociaciones desean intervenir públicamente necesitan de un mayor número de requisitos formales para poder actuar, como por ejemplo, identificarse para solicitar un permiso, para abrir una cuenta bancaria o para solicitar una subvención. De ahí, esa eclosión de organizaciones no lucrativas formales en nuestro país, a partir de la década de los 70 (s.XX), que según el registro de asociaciones, el número de ellas inscritas pasa de 495 en 1.965 a 260.092 en el 2002[6]. A este hecho también contribuye la reestructuración del Estado del Bienestar que reorganiza sus funciones públicas delegando la gestión de servicios públicos a organizaciones privadas y, especialmente, a las organizaciones no lucrativas.

La generación de capital social desde una organización formal se continúa dando por los mismos motivos que en una asociación informal, pero incluso se le añade un plus, ya que crea formas más amplias de capital social, en tanto que son capaces de trascender sus límites institucionales creando redes sociales extensas que tienen una mayor influencia que actuando desde la esfera individual. Tal como dice C. Marcuello[7], es la dimensión propia de las organizaciones sociales la que muestra con más claridad el nivel de evolución del capital social de una sociedad. Porque son las redes que generan, tanto hacia sus integrantes como en su interacción con otras entidades, donde se plasman con más nitidez las formas sociales de cohesión, reciprocidad y de confianza posible.

Una sociedad que sea capaz de organizar respuestas de carácter cooperativo y solidario ante las situaciones de crisis, vulnerabilidad y dependencia, tendrá más capital social en la medida en que haya institucionalizado esas respuestas en estructuras independientes de la arbitrariedad de los sujetos. El declive o la expansión del capital social se podrán medir en función de ese grado de institucionalización de las respuestas.

Cuando se valora el capital social de una sociedad es relevante analizar el compromiso cívico expresado a través de la participación de los individuos en las ONL. Así, cuando más importante es la participación ciudadana en el desarrollo de actividades solidarias, mayor es el índice de capital social. A su vez, cuanto mayor es el índice de capital social, mayor es la contribución a la cohesión social, elemento clave para el desarrollo sostenible y equilibrado de un país.

La contribución económica de las organizaciones no lucrativas del Tercer Sector

 El crecimiento exponencial de las ONL se hizo sentir a partir de las últimas décadas del siglo XX, coincidiendo con la caída de confianza de la sociedad en otras expresiones democráticas de la vida política. Los partidos políticos perdieron credibilidad para encauzar mejoras en el bienestar de la población y se puso en evidencia la ineficacia de los Gobiernos en la gestión de los servicios públicos. El crecimiento de las ONL se debió, tanto a la confianza de los colectivos de afectados en aquellas organizaciones que les representara colectivamente como por las propias políticas gubernamentales que las bendijeron como “gestoras de los servicios públicos”.

El Estado confió en las ONL para la gestión de escuelas, hospitales, servicios sociales, etc., canalizando una importante cantidad de recursos públicos a través de contratos y subvenciones. Apareció una nueva teoría de la gestión pública en la que el Estado se reservaba el papel de financiador mientras que las organizaciones privadas debían asumir la gestión de los servicios públicos. Surgieron voces reclamando la gestión para las organizaciones no lucrativas porque se decía que éstas eran más “de confianza” que las empresas, más eficientes en la gestión de los recursos que las organizaciones políticas, más ágiles en responder a sus necesidades, más próximas a los colectivos que atienden, menos burocráticas, etc. En este nuevo contexto, las ONL incrementaron sus roles. Al antaño principio de abogacía, se le añadió el económico (provisión de servicios). Como consecuencia de ello, el volumen de recursos financieros se incrementó considerablemente porque se debía gestionar personal, estructuras de funcionamiento, etc. Las organizaciones se empiezan a profesionalizar: incrementan el número de personal contratado y el voluntariado se reserva a un rol de complementariedad de las funciones profesionales. Todo ello da lugar a una explosión del volumen de actividad económica gestionado por las ONL, lo cual las “hace visibles” en todos los aspectos.

Según Rodríguez Cabrero[8], en España, el desarrollo extensivo e intensivo del Tercer Sector formó parte de un proceso de ampliación del espacio civil y mercantil junto a otro de contención y freno del espacio estatal. Esto dio origen a la reestructuración del Estado de Bienestar. El auge del Tercer Sector y de la economía social deben ser enmarcados dentro de un amplio proceso histórico en el que coinciden, sobre la base de una profunda mutación económica y tecnológica, tres procesos que se pueden describir como: reestructuración del Estado del Bienestar, remercantilización de las relaciones sociales y económicas y, reconstitución de la sociedad civil.

Fruto del proceso de reestructuración del Estado de Bienestar emergió lo que se denomina división mixta en la producción del bienestar, en el que el Estado conserva gran parte de su poder de regulación y financiación transfiriendo al mercado y al Tercer Sector la producción y gestión de los servicios públicos y comunitarios. El mercado amplió su espacio material y refuerza su peso ideológico al extender la lógica mercantil en la gestión de las organizaciones, mientras que el Tercer Sector amplia su espacio material a lo largo de una diversidad de relaciones financieras con el sector público. La mayor parte del crecimiento de las actividades de las ONL en los años 90 (s. XX) fue debido a la asunción de esta nueva función de “gestionar servicios públicos”.

Algunos autores califican este fenómeno como la “revolución global asociativa” (Anheier, 2001)[9] creando una “globalización desde abajo” (Giddens, 1999)[10]. Este fenómeno de crecimiento de las ONL se plasma tanto en los países desarrollados como en los países emergentes. Los EEUU tienen alrededor de 2 millones de ONL y la India alcanza alrededor de 1 millón e incluso en el escenario emergente de China se calcula alrededor de 1,4 millones (SIDEC, 2003)[11]. En España, según los datos de la AEAT del 2008, el número de organizaciones no lucrativas alcanzaría la cifra de 738.562[12], de las cuales, alrededor, de 362.654 corresponderían a Asociaciones y Fundaciones y, a su vez, de estas, alrededor de 300.000 serian Asociaciones. Por lo que respecta, al subsector de organizaciones no lucrativas de acción social agrupadas en el calificativo de “familiares, consumidores y tercera edad”[13], se situaría alrededor de 11.000 aunque esta cifra puede variar ostensiblemente al no existir un fichero actualizado de organizaciones vivas.

La importancia económica de las organizaciones se mide por su participación en el Producto Interior Bruto (PIB) del país y en la capacidad de generar empleo y, en el caso de las organizaciones no lucrativas, también por la capacidad de canalizar la solidaridad individual (el voluntariado). Este no tiene un reflejo contable al ser una actividad altruista pero, en cambio, es un elemento clave en la generación del bienestar de los usuarios y/o de la ciudadanía. El voluntariado es el coste invisible de la organización.

Existen diferentes estudios que intentan estudiar la dimensión económica de las organizaciones del Tercer Sector. La mayoría de veces son estudios que comprenden solo un grupo -subsector- de organizaciones con una determinada finalidad, por ejemplo, el subsector de organizaciones de intervención social. Generalmente, se hace difícil realizar comparaciones entre los resultados de los diferentes estudios por la no coincidencia de los límites del grupo de organizaciones estudiadas. El estudio que más se aproxima a dar una visión económica global del Tercer Sector es el de Ruiz Olabuénaga[14]. Los resultados del primer estudio que se realizó en 1995 muestran que la dimensión económica de las ONL de nuestro país alcanza el 4,61% del PIB sin imputar el valor del trabajo voluntario y, llega al 5,87% del PIB, imputando dicho valor. En 2002, siete años más tarde, la actualización de los resultados del estudio anterior muestra un crecimiento importante de las mismas. Entre los principales indicadores del desarrollo económico de este sector se citan los siguientes:

a) Crecimiento del número de socios. Se percibe un crecimiento del 11,6% alcanzando 28,8 millones de cuotas (miembros registrados en las ONL). Además unos 7,3 millones de personas hacen donaciones económicas, al margen de las cuotas de asociados.

b) El crecimiento del número de voluntarios ha sido del 72%, lo que sitúa el número de voluntarios con alta dedicación (más de 16 horas mensuales) en más de 1,76 millones.

c) Crecimiento del número de trabajadores (empleo remunerado). Ha sido del orden del 45,7%, alcanzando los 692.336 empleos equivalentes.

d) El empleo en el sector de las ONL representa el 4,3% del empleo total y alcanza el 7,3% si se incluye el voluntariado.

e) Crecimiento del gasto económico en un 81,3% si no se considera la imputación del coste de los voluntarios. La cifra económica se aproximaría a los 35.034 millones de euros, en el 2002.

f) La cuota económica de las ONL en el conjunto de la actividad económica alcanza el 4,7% del PIB (sin incluir el voluntariado) y llega al 6,4% del PIB (si se incluye el voluntariado).

En definitiva, la participación de las ONL en el PIB empieza a ser visible y, es ese uno de los motivos, entre otros, de la mayor exigencia de los agentes sociales para un mayor nivel de transparencia de las organizaciones no lucrativas.



[1] Keck, M.E. & Sikkink, K. (1998): Activist Beyond Borders: Advocacy Networks in International politics. Cornell University Press, Ithaca, NY.

[2] Bendell, J. (2000): Terms for Endearment: Business, NGO and Sustainable Development. Greenleaf publishing, Sheffield.

[3] Coleman (1988) y Bourdieu (1986)

[4] Putnam, R. (2000): Bowling alone: The collapse and revival of American community. Simon and Schuster. NY.

[5] Casado, D. 1999): imagen y realidad de la acción voluntaria. Hacer. Barcelona

[6] Ver apéndice 1 del libro de Marcuello, C. (coord.), op. Cit.

[7] Marcuello, C. (coord.) (2007): Capital social y organizaciones no lucrativas en España: el caso de las ONGD. Fundación BBVA. Bilbao.

[8] Rodríguez Cabrero, G. (2002). El marco histórico-institucional de la reconstitución del Tercer sector con especial referencia al de acción social, en “Las entidades voluntarias en España”, Fundación Foessa. Madrid, pg. 21-37.

[9] Anheier, H., Glasius, M. & Kaldor, M. (2001): Introducing Global Civil Society”, en H. Anheier, M. Glasius and M. Kaldor (eds), The Global Civil Society Yearbook. London School of Economics. London.

[10] Giddens, A. (1999): The role of the Third sector in the Third way” CAF Focus, Nº2, p.8.

[11] Zadek, S. (2003): From Fear and Loathing to Social innovation.@lliance Vol.8, Nº 4, pg. 21-24.

[12] Datos de la Agencia Tributaria, mayo del 2008.

[13] Anuario estadístico del Ministerio del Interior, 2002.

[14] Olabuenaga, J.I (dir), op. Cit.

© Fundación Luis Vives | Legal Notice
Doctor Zamenhof St., 36, 28027 Madrid | luisvives@fundacionluisvives.org

Charitable and welfare foundation by Ministerial Order of 11 September 1989 and registered under number 28-0857, with the CIF G78649746

web by eCliente

Fondo Social Europeo

This website is co-financed by the European Social Fund within the framework of the Operative Program Fighting against Discrimination 2007-2013..