Solidarity and efficiency, together better
Las organizaciones no lucrativas de intervención social se caracterizan por su pluralidad de objetivos, atomización, su reducido tamaño y la alta dependencia financiera del Estado. Todo ello en un contexto de globalización y competencia en la gestión de los servicios públicos.
Pluralidad de objetivos. La mayoría de las ONL realizan actividades con finalidades bien diferentes. Se mezclan las actividades públicas (gestión de ideas/abogacía) con las actividades económicas (gestión de servicios)[1]. Muchas de ellas empezaron con las actividades públicas, por ejemplo, con la reivindicación de escuelas especiales para niños con discapacidad y, poco a poco, fueron incorporando actividades económicas, como por ejemplo, las escuelas para los niños con discapacidad. La actividad económica y la actividad pública requieren estrategias de información y comunicación diferentes, pero la larga tradición en misiones de abogacía y la poca tradición en actividades económicas hacen que, frecuentemente, los directivos de las ONL muestren dificultades en la introducción de estrategias del control del proceso productivo reduciendo la capacidad de ser transparentes.
La atomización de las organizaciones de pequeño tamaño en el mismo sector de actividad responde a la respuesta ante situaciones de necesidad muy localizadas, a la falta de entendimiento entre ellas, a la búsqueda de protagonismo de sus dirigentes o a la falta de un liderazgo claro, lo cual hace que no prosperen procesos de fusiones entre las mismas. Por el contrario, al conviviendo con esta gran cantidad de pequeñas organizaciones, existen unas macro organizaciones, entre las que se encuentras las denominadas “entidades singulares”[2] que dominan el mercado social y las influencias en las esferas políticas. Más de un 80% de las asociaciones son micro organizaciones (presupuesto inferior a 300.000 euros al año) y, solo un 5% son macro organizaciones (más de 3 millones de euros al año, aprox.). El 15% restante son organizaciones de mediano tamaño. Esta multitud de pequeñas organizaciones maximizan la heterogeneidad, dificultando que sus directivos tengan la experiencia adecuada en el desarrollo de técnicas eficaces en el control del funcionamiento de la gestión, lo cual dificulta el proceso de generar información viable.
Alta dependencia financiera de la administración pública, lo cual se refleja en que, más de la mitad de los ingresos de las ONL proceden de la administración pública. Esta proporción es mayor en las asociaciones que en las fundaciones y, en las pequeñas respecto a las grandes. Ello es debido a que la mayoría no diversifican las fuentes de ingresos, apoyándose mayoritariamente en los conciertos o subvenciones que reciben del sector público. Este hecho pone en entredicho la independencia ideológica de las organizaciones ya que corren el riesgo de desaparecer si les faltara su fuente principal de ingresos. A pesar de esta ligazón financiera, la administración pública no ha adoptado, de forma generalizada, mayores demandas de información incorporando indicadores estándar para actividades homogéneas. Tampoco es frecuente la exigencia de auditorías que corroboren la consistencia y fiabilidad de la información contenida en la rendición de cuentas. Sólo en los casos de la concertación de servicios parece que las cotas de información son mayores, aunque no siempre se aprecia que haya una evaluación continuada de la gestión de los servicios concertados.
El creciente fenómeno de la onogeneización[3] puede hacer confundir la esencia de la rendición de cuentas de una organización no lucrativa. Según dice Bonbright[4], el sector empresarial está convergiendo con el sector no lucrativo en la creación de potentes híbridos, verdaderas alternativas empresariales camufladas de organizaciones altruistas que compiten con las autenticas “organizaciones sociales” en la economía de los servicios públicos. Los líderes de esas nuevas organizaciones son empresarios de solera que dicen estar horrorizados de lo que históricamente se ha visto como una mala gestión de los fondos de las ONL y de los Gobiernos. Repiten hasta la saciedad lo que han sido fallos del pasado. Ponen énfasis en rendir cuentas en todas sus facetas, demostrando la eficiencia y la eficacia de su gestión. Ello puede producir una sobrevaloración de los aspectos cuantitativos dejando de lado o infravalorando aquellos aspectos políticos que realmente legitiman la razón de ser de las ONL.
El propio valor añadido de las ONL en desarrollar, a la vez, actividades cívicas (ideas/abogacía) y actividades económicas (gestión de servicios) hace que sea difícil evaluar el impacto de la interrelación de ambas actividades en la gestión. La interrelación entre los dos tipos de actividades confiere a la organización un valor añadido ya que, los logros políticos o la misma sensibilización hacia los problemas de las personas afectadas, repercute en los directivos en un estilo diferente de gobernar. Es difícil evaluar los aspectos intangibles de la gestión (estilos), por ejemplo, la sensibilidad y calidez en el trato a los usuarios (cercanía, disponibilidad, etc…) o en el trato al personal reconociendo sus derechos sociales (permitiendo la conciliación entre la vida familiar y la laboral). La falta de indicadores que recojan estas peculiaridades hace que, a menudo, las ONL se defiendan de la competitividad con las organizaciones empresariales justificando su esencia política- “creadas por los afectados“ y “sirviendo a las necesidades de los afectados” –, y, en ocasiones, muestren reticencias al desarrollo de sistemas de gestión e información profesionales.
[1] Montserrat, J. (2006): Incidencia en la financiación y en el presupuesto, en “El sector no lucrativo en España. Una visión reciente”, Ruiz Olabuenaga, J.I. (dir) Fundación BBVA. Bilbao.
[2] Este nombre fué utilizado, por primera vez, por Rodríguez Cabrero y Julia Montserrat en “Las entidades voluntarias en España” Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
[3] Son Fundaciones de empresas que nacen de las “aportaciones” de una empresa/s para desarrollar actividades económicas “sociales” bajo el caparazón de una organización social. La mayor parte son Fundaciones de empresa pero, al lado de estas, se encuentran otras Fundaciones que son antiguas Asociaciones y que se han creado con el fin de preservar el patrimonio y agilizar la gestión.
[4] Bonbright, D. op. cit.
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