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2. Beneficios de la rendición voluntaria de cuentas [editar]

Entre los principales beneficios de la rendición voluntaria de las cuentas se citan: generar confianza, credibilidad y reforzar la legitimidad.

El hecho de proporcionar voluntariamente información sobre las cuentas no es un fin en sí mismo sino que es un medio para generar confianza ante los stakeholders. Por ejemplo, el donante o financiador de una organización desea conocer el uso y destino que se ha dado a sus fondos. Cuando la organización le informa sobre los aspectos que le interesan se crea una relación de confianza. El ejercicio de la transparencia y de la información de las cuentas constituye una oportunidad para que el entorno conozca a las organizaciones tal como son y para que se establezca una relación sobre la base de sus expectativas e intereses.

El ejercicio de comunicación genera confianza. El fundamento de las relaciones de comunicación con los “socios externos” descansa en la transparencia. “No hay que temer dar a conocer nuestros errores y nuestros éxitos. Se trata siempre de exponer una realidad verdadera[1]”. Los máximos responsables de una organización deben basar su filosofía de la comunicación en transmitir confianza. Si difunden información que da una imagen precisa de la organización crearán un depósito de credibilidad que servirá para afianzar la relación con sus socios. Los donantes, financiadores, usuarios, socios en general, estarán más predispuestos en colaborar con una organización que tenga una buena estrategia de comunicación, la cual genere confianza, que no con otra organización que no genere información externa o que esa información no merezca credibilidad.

Al igual que está ocurriendo en el mundo empresarial, en el sector de las organizaciones no lucrativas, es cada vez mayor la necesidad de mejorar la transparencia para afianzar la confianza y la reputación de los distintos grupos de interés. Como señala Novell[2], las empresas están avanzando en las mejoras del buen gobierno pero, también, las administraciones públicas y las organizaciones no lucrativas están avanzando en los mecanismos que aumentan su transparencia y su responsabilidad ante la sociedad.

El ejercicio de la comunicación constituye una condición para la participación de todos los grupos de interés en la orientación de la actividad de la organización, de manera que esta resulte coherente con su identidad, con las expectativas, demandas y oportunidades disponibles en el entorno. La comunicación no solo debe contemplar la evidencia de los resultados obtenidos sino debe reflejar lo que los grupos de interés consideran que la organización ha logrado y cómo la organización propone responder a la información recibida por los mismos. La comunicación, siempre bidireccional, es por lo tanto una parte integral del proceso de formación de la organización.

La rendición voluntaria de cuentas infunde credibilidad en los socios y otros stakeholders. La credibilidad es el resultado de confiar en la organización por los resultados que obtiene, por las políticas y prácticas utilizadas para obtenerlos. Cuanta más confianza logre generar una organización, mayor será su influencia en la sociedad. Cuanta más información proporcione la organización, mayor será el vínculo que establecerá con los socios y mayor será la confianza que generará. Suministrar información adecuada a las necesidades de los socios es uno de los instrumentos más importantes que dispone la organización para generar confianza en sus socios.

La credibilidad de las organizaciones no lucrativas depende, en gran medida, de la confianza social que estas sean capaces de generar. Esta confianza social es el motor de las entidades puesto que es la que permite tener una base social comprometida, recursos humanos y económicos y, en definitiva, legitimidad para poder actuar. Asimismo, estas tendrán más capacidad de actuación y de impacto social en la medida que consigan mantener e incrementar la confianza que la sociedad tiene en ellas. No obstante, la confianza social es muy fácil de construir y muy fácil de perder[3]. Es por ello que la confianza social es algo que se debe trabajar y gestionar.

Otro de los objetivos de la “rendición voluntaria de cuentas” es reforzar la legitimidad de la organización. Al principio bastaba que una organización trabajara para el interés general y así sus actuaciones quedaban legitimadas. Pero, cada vez más, la organización debe justificar el porqué de sus actuaciones.

Legitimidad es aquel estado con el que una organización es imbuida de poder y percibe que está autorizada a actuar con el consentimiento de los individuos, gobiernos, y socios en general. La legitimidad de las ONL tiene que ver, entre otras cosas, con la autoridad que quienes la representan le han otorgado (de donde deriva el poder para actuar). Una organización puede actuar legalmente representando un determinado colectivo porque así se incluye en sus estatutos pero, en cambio, puede no estar legitimada para actuar si el colectivo que representa no le otorga la confianza necesaria para que los represente.

La legalidad es solo una parte de la legitimidad y esta no se adquiere completamente sino está respaldada por la propia sociedad[4]. El problema de la legitimidad es complejo y es uno de los aspectos en que muchas ONL son vulnerables.

Es especialmente complicada la legitimidad de aquellas instituciones de los países ricos de Europa que desarrollan actividades de cooperación internacional y defienden los intereses de la gente de los países en vías de desarrollo de América Latina o África. Con frecuencia se justifica la legitimidad con el argumento del conocimiento y experiencia de las organizaciones que representan a los afectados. En este caso, la legitimidad se adquiriría cuando la organización aunque no hable como uno de los afectados (no es uno de ellos), en cambio, participa con ellos en la toma de decisiones, se sienta, discute con ellos y recoge sus propuestas. En definitiva habla por boca de los afectados.

Es difícil medir la legitimidad de una organización. Hay algunos autores que la miden como el soporte directo de las personas del colectivo que representan. La participación de voluntarios en la organización es otra expresión de legitimidad.

No obstante, hay otras fuentes intangibles que miden la legitimidad como la credibilidad, la reputación, la confianza, la integridad. Estas actúan más por la percepción que por la evidencia empírica. Las personas confían en una organización por su reputación aunque no tenga ninguna relación con ella aunque, a veces, puede ser el resultado de un buen marketing más que la veracidad de la información transmitida. Por ello, es necesario construir indicadores que recojan esos elementos intangibles de la legitimidad de las ONL.

Como corolario a este apartado cabe decir que si bien la rendición de cuentas, voluntaria u obligatoria, es un procedimiento necesario para reforzar la credibilidad de la organización, en cambio, no es la garantía absoluta de la honorabilidad de la misma. Una organización puede disponer y facilitar información sobre todos los aspectos relativos a la gestión, pasar la auditoria sin que se detecten problemas pero, en cambio, desviar fondos de algunos donativos.

Aunque los ejemplos más frecuentes en el tema de “malas prácticas” están relacionados con la captación de ingresos, existen otros casos, algunos poco detectables, como el ejercicio de la influencia por ostentar un poder en la organización para obtener un beneficio personal, disponer de tarjetas de crédito o utilización de vehículos para uso personal, entre otros. En otros casos, es la consecuencia de una mala gestión interna como pueden ser las actuaciones de las políticas relacionadas con el personal, por ejemplo, requerir el desempeño de funciones que no corresponden con la titulación o formación de los trabajadores o voluntarios; no remunerar las horas realmente trabajadas, entre otras.

En resumen, existen prácticas de gestión de los miembros de la organización que pueden ser poco detectables desde la evaluación externa y por ello, aunque superen satisfactoriamente los procedimientos de auditoría, la transparencia no es la garantía total de la honorabilidad de la organización.



[1] Regouby, C. (1989): La comunicación global. Edicions Gestió 20000. Barcelona.

[2] Novell, R. (2002): Transparencia y buen gobierno. Icaria. editorial, Fundación Amics de la UPC, Barcelona.

[3] Vidal, P. y Grabulosa, L.: ¿Qué es la transparencia en una ONG?, en Revista Alzheimer de la Asociación Afal contigo, nº 51.

[4] Slim, H. (2002), op. cit.

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